09/08/10
Noticia de un trashumante
Hace tres años y medio que vivo en Buenos Aires. Uno de los aspectos que no dejan de sorprenderme de la vida que he conocido en esta ciudad es mi incapacidad para crear vínculos fuertes con ninguno de sus habitantes. Conozco a mucha gente, pero los lazos que me unen a esas personas son de los más débiles: si me dejara de hablar con alguna de ellas mañana por la mañana no pasaría nada, ni de un lado ni del otro.
La razón por la que esto me parece extraño es que he vivido en muchos sitios y en todos he creado, o ayudado a crear, lazos fuertes con otras personas, verdaderas amistades que han perdurado a través de los años, incluso a pesar de las grandes distancias que nos separan. Son complicidades que siguen en pie por medio del correo electrónico, Skype y unos pocos encuentros cara a cara. Y muchos abrazos, cuando esos encuentros han tenido lugar.
Algo que he observado en los años que llevo viviendo en Buenos Aires es que la mayoría de las personas que conozco forjaron sus amistades más profundas con personas que conocieron durante la secundaria. No tengo estadísticas, por supuesto, ni he hecho encuestas. No es esto un sesudo estudio sociológico, sino simplemente una observación, basada en muchas conversaciones desde que intuí que algo pasaba que no lograba yo entender… y todavía no termino de hacerlo.
(texto completo...)
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