12/08/10
Canción de Puerto Madero
Se seca la música por las mañanas; en invierno
me caliento las manos con horóscopos de día nuevo.
Este es otro desierto, de otra arena y otros vientos
donde cualquier droga helada cuesta menos que respirar.
Cerca, junto a la riqueza que permanece en el humo
de madrugada, cuando cualquier sinceridad parece un paisaje
de ira y desconcierto, la ciudad ofrece rascacielos como islas
y desde los últimos pisos en venta, horizontes de un amarillo
parecido al del amor. De otra manera, la respuesta
a los mensajes sufriría más la lluvia que el paso del tiempo
y la electrónica. Por eso nuestra invención volverá
de otro sitio con un tímpano perforado y esas sorpresas
que aparecen a veces ahogadas, flotando en el río.
Su llegada será repentina, su aparición debajo del sueño:
como si el médico hallara, al fin, la hoja suelta de todo
y abandonara la sonrisa habitual a su final feliz.
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