tema: Poemas

Cajón de sastre, vacío


El traje, hasta hoy, me quedaba como un informe de fiebre
sin temperatura; la corbata menos:
hay que darse unos días para ayunar en sueños
y decapitar cada accidente.
De otra forma, cuánta elegancia se fija en la niebla
y el mudar alegre de una camisa cancelada, convertida
brevemente, en el dije de nuestro saber de pago.
Ahora hay alteraciones que ondean su invisibilidad.
Varias nos han caducado en busca de algún lujo
y su discordia.

Lo que voy cambiando son los límites del entusiasmo
por invitaciones a vestir en fallos del futuro.
Cualquier cosa en lugar de evitar el descanso
y los espejos que me cierra la agenda.
Las horas, lejos de sus costuras más fieles
instan a pensar así, en eso tan serio de tiza
que cada mañana frente a la ciudad sin sombrero y soluble
pone de cara al abrigo que me ama.

Cumpleaños


Antes de triturar los regalos
nos pusimos de pie, manos en el agua
y las ideas de otros nos venían a la cabeza
para darnos la bienvenida y un beso:
cuarenta y cuatro, alegaban
llega como un capicúa menor.

El pelotón de fusilamiento canceló su aparición.
Con la tranquilidad menos alejada
nos dejamos ver la viga en el ojo:
la circunferencia fija de nuestras ambiciones
la luna ambiente que nos fuimos imponiendo
rodaba entre habitaciones a otra casa
más intensa
más parecida a buscar un horóscopo ideal
que la que seguimos soñando.

Afuera, quedaba el césped por regar
y la leña—
toda la fractura de un alma tras otra—
Anticipo del humo y del sobre
que llegaría en cuanto nos quitasen la foto
y alguien señalara un defecto, diciendo:
¿Ves? Ahí estoy yo.

Viajero con souvenir



Enrique Vila-Matas: Soplaba la tramontana, y recordé que en mi juventud yo deseaba ser muchas personas y ser de muchos lugares al mismo tiempo, pues ser sólo una persona me parecía muy poco.

John Ashbery: One morning you appear at breakfast
Dressed, as for a journey, in your worst suit of clothes.
And over a pot of coffee, or, more accurately, rusted water
Announce your intention of leaving me alone in this cistern-like house.
In your own best interests I shall decide not to believe you.



Abro el ordenador y me encuentro con esto:
Parece que existe una rara maquinación
que produce para la venta vacaciones perdidas
lucha de recuerdos entre las dunas
destripamiento del equipaje sonoro de todo un mes
o la ausencia de vegetación donde menos la esperas.
Y claro, es todo mentira, o parte
del mismo complot que nadie esconde.
Que queda abierto como una vaca de consumo y exportación:
anoche vimos un costillar, todavía sangriento
en la calle, junto a la puerta de una cocina;
pero pasamos de largo, como ocurre a menudo
sin saber qué decir.

Nadie tiene la culpa si da con la respuesta por accidente
y resulta que es falsa.

El asunto es que algo buscábamos y eso era lo importante:
la imagen del mundo en un instante
o la señal nueva que apuntara a quien estuviera a tu lado
pero sin señalar, sin escoger
porque robamos tiempo como hijos de una madre que miente.
Y en efecto, ahí está la publicidad con su aviso de neón
reflejado rojo en un charco de noche:
Todo lo que se cancela vuelve
y todo lo que vuelve se cancela.

(texto completo...)

Segundo fragmento


Este también forma parte de ese poema largo en el que estoy metido.

Me pregunto a menudo para qué el poema;
por qué un verso así, aquí, pero no más tarde, igual
cuando con suerte sepamos algo más que lo que nos ocurre
a ti, a mí, juntos y por separado.
Uno se explica los accidentes vez tras vez encima de otra
y con plena conciencia de que mirar cambia lo mirado.
Las habitaciones de la memoria se van llenando en el descuido;
una forma densa del olvido atrae brotes de palabras
de cansancio recuperado
como si en el alma se condensaran y gotearan
gota y gota cada tantas horas
en la manera que tenemos de mirar
de oler el tiempo
de congelar el tacto para otro día, otra vida
y la desesperación de otro lugar.

Fragmento


Este fragmento es un adelanto del poema, quizá largo, que estoy escribiendo:

Días que se repiten. Instantes idénticos.
El reencuentro con el perro abandonado hace dos vacaciones
más flaco, y yo diría que salido de una niebla como muerta.
O del momento enterrado sobre cuya tumba
hemos visto sentarse a un amigo y descansar
la petaca de coñac abierta, casi vacía
en una mano que espera otra clase de reacción:
la del jefe de explosivos ante un edificio querido
minutos antes de abrir el baldío que la ciudad espera.

Me gustaría que el amigo llevara también aquella foto:
Varios de nosotros alrededor de un fuego paralizado
como queriendo retirar unas flores de las llamas
algunas secas y pronto perdidas, otras recién cortadas;
sin color en el blanco y negro de la foto
y quién sabe si ya en aquel momento sin los aromas
que después se confundirían con el aire de cera
que el tiempo obliga a respirar en su abismo blando—
entre el que he sido y el que seré:
una racha de perplejidad.

La nieve cubre Luxemburgo


En el acuario de las afueras hay un pulpo de voces.
De vez en cuando se acerca al cristal y dispara su tinta.
Así camufla algunas palabras
y mancha otras para siempre.
Las manchadas llegan solas a la memoria.
Las demás se encadenan al azar
y puede que mueran ahogadas
fuera del agua, en cuanto las dices.

Durante el otoño, llueven sables.
La primavera trae la muerte cristalina del frío
y el voto por correo.
El verano pertenece a los incendios de cuyo humo
nuestro orgullo mide altura y densidad.
Y cada invierno rompe su silencio
con la voz de hojalata
que un niño antiguo patea calle arriba calle abajo.

Al día siguiente llega una carta
con el aviso de que es mejor hablar
cuando a ya nadie le interesa lo que dices.
Es como dejar las únicas huellas
sobre la nieve al amanecer
en esta ciudad que aún desconoces.
Así está el aire de nuevo.
Como esa ventana en la media distancia
que ahora se abre.

Diario de mar


Llegamos a este mar con las velas apagadas
y algunas en jirones o rotas en el mástil.
Varió el tiempo, la luz, el sabor del aire.

Al hundirse, nuestro ánimo se acercó a nosotros
y le respondimos con alegría, en falso
quedando sin opinión, escondido el miedo.

Se abrió el viento como un nudo caliente;
y aunque entendíamos perfectamente su idea
la discutimos con el bombeo del agua, con ira.

Pronto los marineros se aliaban a los botes;
lanzaban bultos y vidas por la borda;
uno contaba monedas, buscando más días.

Otros miraban a la grieta del horizonte
agria del sol, que se pudría en la tormenta.
El capitán, mudo al timón, dejó de ser nuestro.

Grandes avenidas junto al mar


Sueña, y en el sueño pierde la vista.
La ciudad crece en importancia junto al mar.
Lo sabe, soñando, por las altas grúas
que la construcción deja contra el horizonte
y por el ancho de las nuevas avenidas.
Sueña que se pregunta si verá otra vez.

Cuando ve el semáforo cambiar a verde
—perspectiva de puntos y puntos verdes
a lo largo de la avenida—
queda ciego de nuevo, pero sólo un instante.
Cruzando al otro lado, la pregunta lo sigue
acelerándole el paso, por si vuelve la oscuridad.

Y eso es lo que recordará al despertar.
Por la mañana, por la ventana, verá el frío:
gente abrigada, vaho de respiración;
el humo del tráfico blanco, sólido
como la ceguera soñada.
Ese día incurrirá en gastos paralizantes como dudas:
pequeños descosidos en la fibra del alma
que lentamente irán quedando sin remendar.

Ruido


(Instrucciones de uso:
Retire el pegamento que compone este collage
y escoja de la verdad en sus varias modalidades
el rostro de todo aquel que lo carece.)

A mí me gusta en aerosol
como una canción difuminable y dañina.
Así se alimenta el tiempo de los espejos.

Sin embargo, y flaco silbido aparte
el viento pertenece a la categoría Tono de voz:
los árboles siempre cumplen al delatarlo.

Quizá la niebla al amanecer
se sorprenda de su propia esquela, su silencio.
¿No quedamos en que escogerías tú el paisaje?

Lo malo es que con la juventud atada a la cintura
siempre acabamos deseando que el canto sea lo nuestro.

A dos noches de año nuevo


In the swirling, devouring clutter
Of another year.
—August Kleinzhaler

Ocho horas en un Talgo
para llegar y no decir nada.
“Me gustaría estar en Sevilla,” por ejemplo
y pensando en la luz y un par de bares.
Pero no es posible, hoy
con ese tío
al que le cuesta pronunciar su propia lengua
junto a mí, aquí en la barra del tren de vuelta.

Se ha ido; comencemos otra vez:
Ocho horas en un Talgo
para llegar y no decir nada.
Nos pusieron dos películas
que vi sin audio por el puro placer.
Un vaso con hielo para el coñac de petaca
y un cigarro entre vagones
donde hay un cenicero
y a nadie le importa que fumes.

A donde vamos no hace frío;
la luz es distinta
y en ella, las palabras llegan a brillar.

Unión Soviética


Un regalito para Laura Suhs

Hoy, para locomotoras y vagones a ninguna parte
se desarrolla en esta zona también
el centro mayor de la cuenca
basado en un carbón de silencio.

Se desarrolla en esta zona también
otro yacimiento grandioso, la Transbaikalia
basado en un carbón de silencio
del Extremo Oriente, isla de Sajalín.

Otro yacimiento grandioso es la Transbaikalia
más cercano al tiempo siderúrgico mecánico
del Extremo Oriente, isla de Sajalín
y las minas del valle del Amur.

Más cercano al tiempo siderúrgico mecánico
el petróleo se extrae de la sangre
y las minas del valle del Amur
con las vidas muertas de Tuimasy.

El petróleo se extrae de la sangre
para trabajar en la refinería de Omsk
con las vidas muertas de Tuimasy
cerca de la intervención del hambre.

Para trabajar en la refinería de Omsk
se explota una multiforme actividad
cerca de la intervención del hambre.
Los ejemplos son visibles y numerosos.

Se explota una multiforme actividad
en ciudades poseídas como Vladivostok.
Los ejemplos son visibles y numerosos
cuando se activa la ira de los vivos.

En ciudades poseídas como Vladivostok
y neutralizadas a cambio de nada
se activa la ira de los vivos
antes naval, aeronáutica y automovilística.

Todo se neutraliza a cambio de nada
en el centro mayor de la cuenca
antes naval, aeronáutica y automovilística;
hoy para locomotoras y vagones a ninguna parte.

Los días


Grande prolixidade do navio
Que existe só para nunca chegar ao porto.
Fernando Pessoa

Hoy tampoco tocamos puerto.
Así llevamos cuarenta noches y hace diez
una lancha llena de luz trajo víveres
cartas marinas sin sus latitudes
y música para otro sueño.

Ayer, un hombre corría por la cubierta
gritando que no hallaba el sobre de su esperanza.
El resto nos pusimos a desmanchar el aburrimiento.
Porque hasta el vino que nos dan sabe a eso:
a niebla de noche
a dibujo tembloroso del horizonte
a prisa para llegar tarde, o no llegar.
Sabe a las horas que se encharcan
y se convierten en días de lluvia, de mar
sin que alcancemos a reconocer el nuestro—
una gota de agua en el agua.

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