tema: Improvisaciones

Interrogaciones perdidas


Qué es lo que quiero. Y si lo consigo, qué voy a querer entonces. Qué significa querer. Significa lo mismo que desear. El deseo crea deseo. Es la función del deseo crear el deseo de desear. Por qué ocurre que tantas veces me siento obligado a desear lo que veo. Qué pasa si no me gusta. Se puede desear lo que a uno le disgusta. Qué dice de uno que no le guste lo que desea. Y si le gusta tanto que no quiere dejar de desearlo y por eso no intenta alcanzarlo. Cuánto vale el deseo. A qué hora. Cuál es la relación entre el deseo y el tiempo. Qué lugar ocupa el espacio en el deseo. Afectan los atardeceres al deseo. En qué forma. Se puede desear sin prestar atención. En qué momento, desde que uno empieza a desear, puede ese deseo considerarse como tal en toda regla. Tiene reglas el deseo. A quién benefician. Es posible desear a esa chica de la otra mesa aunque tenga bigote. Se habrá dejado influenciar por la moda portuguesa anterior a la Revolución. No es verdad que la moda siempre vuelve. Se desea algo porque vuelve, o vuelve porque se lo desea. Cuánto dura el deseo. Cuánto debe durar. Si juntáramos todo el deseo del mundo en un solo lugar, qué pasaría.

La importancia de un lugar en el que todo sueño es posible



A eso apuntábamos todos por aquella época, y a los premios perennes. Al premio incesante, obligatorio, por eso vivíamos donde vivíamos, separados en barrios cerrados, nuestra cárcel de oro y alegría, con piscina para siempre y algunas de esas lunas entornadas que nos miraban sin comentar, sin juicio. Nuestro premio interminable venía siempre sin juicio, no como los castigos para los demás que siempre quedaban, tarde o temprano, en nuestras manos limpias.
Yo me lavo las manos a menudo. Es mi trabajo y lo hago con gusto. Luego voy a donde me toque ese día y recibo mi premio. No podría vivir sin premios, sin ese pequeño incentivo que yo mismo me preparo cada mañana con el desayuno, y luego varias veces al día, hasta que llega la hora de dormir, que también es un premio, tras un día agotador de premios y manos limpias, de alegrías, de miradas que uno conserva en la memoria largos instantes, hasta que llega la hora del próximo regalo, premio, alegría, o de lavarse las manos una vez más.
Lo mejor de todo, lo que he aprendido en la vida, es a no quejarme. Cada vez que tengo una queja, me lavo las manos y alguien es castigado en mi lugar. Así se aprende el duro trabajo de ser feliz en el mundo. De renovar el día con agua perfumada y jabón de las delicias. Se aprende a respirar la belleza de la fortuna.