27/01/10
Tristeza y fuga

Últimamente me he encontrado no un poco, sino bastante disperso. Como si hubiera perdido el norte, que en efecto perdí. Creo que la palabra operativa de los dos últimos meses ha sido tristeza. Que no es lo mismo que depresión. La diferencia está en que la persona deprimida no ve la salida por ningún sitio; yo sí la veo, pero todavía no llego a ella.
Se ha perdido esta figura emocional de la tristeza en la cultura actual, y sobre todo la de la tristeza que no está pidiendo consuelo. A muchos les conviene más decir que están deprimidos y así se piden la baja laboral, o sea que su tristeza viene con unas vacaciones pagadas. A los poderes también les interesa esta medicalización no tanto de la tristeza, sino del consuelo, ya que abre la puerta a las drogas que nos mantienen en el puesto de trabajo, en la rutina, en la productividad obligatoria, en el pago de impuestos, sean económicos o vitales. De hecho, esta medicalización implica una confusión entre la economía y la vida muy provechosa para el capital y sus gobiernos.
Pero no es mi caso. Yo no estoy deprimido, sino simplemente triste. Así, a la antigua, y sin pedir que venga alguien a acariciarme el cogote y decirme que no me preocupe, que todo estará bien, que no sirve para nada. A mí la tristeza no me paraliza, me dispersa. En términos nomádicos, deleuzianos, se puede decir que me lanza en busca de líneas de fuga. Una de las ventajas de las propuestas de Deleuze y Guattari es la resistencia a la psicologización institucionalizada de todo, a la medicalización de lo que sea. A cambio, ofrecen otro camino, el de la fuga, el de la desterritorialización.
(texto completo...)
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