tema: Cuadernos

La importancia de un lugar en el que todo sueño es posible



A eso apuntábamos todos por aquella época, y a los premios perennes. Al premio incesante, obligatorio, por eso vivíamos donde vivíamos, separados en barrios cerrados, nuestra cárcel de oro y alegría, con piscina para siempre y algunas de esas lunas entornadas que nos miraban sin comentar, sin juicio. Nuestro premio interminable venía siempre sin juicio, no como los castigos para los demás que siempre quedaban, tarde o temprano, en nuestras manos limpias.
Yo me lavo las manos a menudo. Es mi trabajo y lo hago con gusto. Luego voy a donde me toque ese día y recibo mi premio. No podría vivir sin premios, sin ese pequeño incentivo que yo mismo me preparo cada mañana con el desayuno, y luego varias veces al día, hasta que llega la hora de dormir, que también es un premio, tras un día agotador de premios y manos limpias, de alegrías, de miradas que uno conserva en la memoria largos instantes, hasta que llega la hora del próximo regalo, premio, alegría, o de lavarse las manos una vez más.
Lo mejor de todo, lo que he aprendido en la vida, es a no quejarme. Cada vez que tengo una queja, me lavo las manos y alguien es castigado en mi lugar. Así se aprende el duro trabajo de ser feliz en el mundo. De renovar el día con agua perfumada y jabón de las delicias. Se aprende a respirar la belleza de la fortuna.

¿Vamos de compras?



Vacacionismo


No Fear (o casi)


Mis cuadernos

Esta es una nueva oportunidad para que mis amigos se rían de mí. Bueno, y a quien le apetezca, también.

Ayer andaba por el barrio de San Cristobal, cerca del centro de Buenos Aires, cuando me agarró el hambre, eran las dos de la tarde. Me acordé que el Bar de Cao, un clásico recuperado y que mantiene bastante de su ambiente antiguo (y da de comer a buen precio) me quedaba a unas 8 cuadras. Caminando hacía allí, de repente me entró la duda de si estaría cerrado, siendo febrero mes de vacaciones; ya me había encontrado con varios comercios cerrados y había tenido que caminar más de lo que me esperaba para encontrar unos materiales que necesitaba para un proyecto semiteatral. Tenía el vago recuerdo de que cerca del Cao había otro bar clásico, pero no recordaba la dirección, y en Buenos Aires, si te pones a dar vueltas, acabas caminando unos cuantos kilómetros para nada. Metí la mano en la mochila buscando el Moleskine donde tengo apuntados los cafés notables de la ciudad con sus direcciones, pero no la llevaba.

Entonces me di cuenta de que ya tengo demasiadas libretas en uso… otra vez. De vez en cuando hago limpieza y me quedo con dos, una grande para tener encima del escritorio, otra pequeña para llevar conmigo. ¡Pero ahora tengo 11! Las enumero para que se hagan una idea del caos:

  1. Una libreta de tapas duras, papel excelente, 15×22 cm., diseñada por Antonio Miró, que es la que tengo para el escritorio. Podría llevarla conmigo, pero con todos los papeles que he pegado, con toda la pintura, pesa demasiado ya. En esta voy por la mitad.
  2. Una agenda Moleskine del 2006, de las pequeñas, pero con unas 400 páginas, en la que hay poemas, collages, fotos, dibujos, mapas, ideas para artículos. En esta tengo la lista de los bares notables.
  3. Un cuaderno Moleskine, del mismo tamaño que la agenda, pero con menos páginas. Contiene el mismo tipo de material que la anterior, pero es más cómodo para llevar en el bolsillo. O lo sería si no hubiera engordado tanto, el cuaderno y no yo, con todo lo que lleva dentro. Me queda poco para llenarlo.
  4. Un cuaderno escolar Rivadavia, clásico escolar argentino, 15×22 cm., tapa blanda, donde voy tomando notas para Documentales de América.
  5. Otro cuaderno Rivadavia, igual que el anterior pero de tapa dura, donde voy tomando notas para Buenos Aires Ideal.
  6. Un librito que encontré en un puesto de libros del Parque Rivadavia, 7,5×15,5 cm., que lleva por título Enciclopedia geográfica y económica, una especie de almanaque de 1960. He leído algunas páginas y tienen su gracia, pero la mayor parte de la información es, para mí inútil. Pero ya lo compré con la idea de usarlo como cuaderno. El papel biblia me encanta, y además resiste bastante bien lo que le eches, pintura, pegamento, lo que sea.
  7. Un cuaderno pequeño de una marca cutre que no recuerdo, en el que voy anotando direcciones de los sitios donde compro materiales para mis proyectos, pegando muestras, apuntando detalles y precios.
  8. Una libreta Meridiano, que aunque son con espiral, me encantan. Esta es de 16,5×22 cm. y la uso para escribir borradores de posts, de poemas, ideas sueltas. El tamaño la hace bastante cómoda. Tiene las tapas duras y un señalador de página.
  9. Otra Meridiano, igual que la anterior, pero pequeña, donde voy anotando ideas, direcciones, lo que sea. Siempre la llevo conmigo porque al ser pequeña, con espiral y tener tapas duras, va muy bien para escribir de pie, medio a la carrera, cuando veo algo por la ciudad que me interesa o se me ocurre una idea para algo, un post, un poema.
  10. Una agenda Meridiano, lo mismo que las dos anteriores pero en un tamaño intermedio. Me gusta que es una agenda perpetua, con calendarios hasta el 2010, y la única información que lleva en cada página es la fecha, pero sin el día, para que se pueda usar en cualquier año. Apunto todas mis citas y tareas con lápiz, así si me apetece la puedo reciclar y seguir usando hasta que se me deshaga en las manos.
  11. Una libretita mini de Miquel Rius, donde tengo apuntadas todas las contraseñas de todo lo que hago con el ordenador. Sólo la saco del cajón cuando tengo que viajar, o usar un ordenador que no sea el mío.

Y luego, claro (¡claro!), tengo un cajón lleno de libretas de diversos tamaños y sabores, por si acaso. Así que ya saben qué regalarme el día de mi cumpleaños.

[ Vía Buenos Aires Ideal ]

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