tema: Volantería

Derecho al turismo (versión 2)


Hoy no hay calles.
El jueves preferiría ser otro día.
Nubes de mosquitos alimentan rumores.
Lloverá y lo negamos.

Toda iluminación atraviesa
la misma envidia, la misma piel
translúcida, venciéndola
por un instante.

Luego sucumbe y regala su explosión—
su atardecer reflejado en los cristales:

¿Puede haber ventanas que den
a ventanas a ventanas a ventanas?
¿Voces sin voz, revelaciones
con el futuro blanco
dibujado en añicos de añicos?

¿Y no era que todo trabajo, cualquier
empleo del tiempo
en línea o círculo
consistía en averiguarlo?

Pregunto por si acaso—
aunque no sabría elegir.

Quizá sea el silencio de la gramática—
erigido contra toda la gama
de silencios: los accidentales
y los obligatorios, los que se pretenden
permanentes y los que vienen
de la próxima desilusión—
el siguiente futuro a eliminar.

Uno escucha y no entiende la noche.
Algo pasa o se detiene.
Voces. Nada otra vez.
Y de nuevo no duerme.

Derecho al turismo (versión 1)


El verano viene y termina.
Hemos comido más, y bebido.
Meando afuera, hemos sentido
la lejanía cada día mayor
de la civilización. El zumbido
la cesura del vaivén del viento—
arena que viaja en tiras más claras
contra el suelo más oscuro, lija la piel
preparándola para la sal y el sol.

Todo cataclismo y fin del mundo
es personal: Depende, te dicen.
Luego se enciende la tele
para mirar a otro lado.
¿Todavía existe la tele?
¿Qué se ve cuando se ve lo mismo?
¿Qué se cuenta?
¿Cómo le va, tanto tiempo?

Cada levantamiento se propone a favor
de la vida, y es una mañana.
Te matan porque es así.
La mugre es testigo de la pureza
y veceversa.

El momento clave aparece en el precipicio.
En lo que un nombre deja de nombrar.
No ha llegado aún el mail
donde cargamos las contraindicaciones.
El pueblo se agota, se oyen voces
pidiendo uno nuevo.
El viento, cambiante, marca la dirección.
Se persiste.
Bebemos agua con la esperanza
de que esté limpia.
¿Qué filtra ahora un nombre?

Saco un Sharpie y marco
el mío sobre el muro blanco.
Ahora existo un poco más.
Un poco más lejos.

Aislante


castillos curativos
se elevan
evaporan
a la vista
en la arena
del aire
en el agua
del aire
el incendio
del aire
sus árboles negros
caminos crujientes
que empiezan y
terminan
por el medio
nunca una partida
nunca una llegada
y sí todo lo demás
como la voz
que se borra
desaparece lo suficiente
siempre
como la voz

El retorno del otro


No miro suficiente la tele
como para escribir poesía
y salir a regar el patio
disfrutar de las piedras en los bolsillos
al entrar en el río.

Un gordo me saluda cruzando la calle.
Su piercing brilla al sol:
brilla y desbrilla, brilla brilla y desbrilla:
lástima que nadie ya entiende
código morse.

Y puede que ni las siglas infinitas
que nos constituyen
como cuerpo y enfermedad
farmacia y paseo de compras
toyota y agua oxigenada

para atildar el presente
(que ahora llamamos futuro)
bajo su tormenta de sol
y la siesta entera.

Vacante


Luego
luces bajas
se presentan al horizonte
sin avisar procedencia
ni dejar nombre
en recepción
su número.

Y ahora no sabemos.
Ilustramos algunos libros.
Contamos hasta donde nos atrevemos.
Luchamos en silencio.
Equilibramos algunas nubes
medio cerrando los ojos
pero no dejamos mensaje
ni recado.
El horizonte varía
y las luces varían
hasta no estar más.

(Un cine entero se llena de risa.
¡Qué buena esta comedia!
Un cine entero es gente
que no existe ya.)

Pantum


Sabiendo que esto empieza y termina así
rasquemos el pavimento
hasta un domicilio futuro
donde podamos nombrar números y pasiones.

Rasquemos el movimiento
de pulir nuestras tarjetas, la regla de oro
para poder nombrar números y pasiones
y dejar a Dios sordo en la penumbra.

De pulir tarjetas, una regla de oro
niega otro subterfugio elemental
y deja a Dios sordo en la penumbra
casi exigiendo silencio a las moscas.

Niega tú otros subterfugios elementales
ante la distracción que se ilumina como un ojo
casi exigiendo silencio a las moscas
inventando una razón y su realidad

ante la distracción que se ilumina como un ojo
y abandona furtivamente cualquier crédito
inventando una razón y su realidad
abierta a un otoño más, con otro invierno

que abandona furtivamente cualquier crédito.
Pero ahora nos inspira un renovado azar
abierto a un otoño más, con otro invierno
y la lluvia que invierte en sus alegrías.

Pero ahora nos inspira un renovado azar
hasta un domicilio futuro
y la lluvia que invierte en sus alegrías
sabiendo que esto empieza y termina así.

Avistamiento de aves


Tres indigentes, como tres palomas, se reúnen por la mañana junto a una fuente. Se lavan, preparan su día.

Uno: Todos los días llegan.
Otro: Todos pasan.
Tres: Ahora que hablar de cerca es tan difícil.
Otro: Infrecuente. ¡Como si el mundo fuera lenguaje!
Uno: Y sale caro un café. Después viene la nostalgia.
Tres: El instante culpable que ocupa un tiempo entero.
Otro: Lo dice uno que come de la compasión.
Tres: Uno es lo que come.
Uno: O el tiempo que consume.
Otro: Ayer me regalaron una toalla.
Uno: ¡Qué buena que está!
Tres: ¿Me la prestás?
Otro: No.

La moneda falsa

Con Rosalind Krauss

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Arte de Volantería


Estoy escribiendo una serie nueva de poemas. Me interesa la calle, me interesan las calles de Buenos Aires, y más las del centro. Caminando por esas calles recojo o me dan volantes de todas clases, la publicidad barata es incesante, inevitable. Los colecciono. He hecho muchos libros con volantes: buena parte de la Biblioteca Popular Ambulante. Ahora estoy tomando la información que viene en los volantes y destilándola en poemas. Las palabras entran en el poema tal y como aparecen en el volante, no las retoco, no cambio nada; son las palabras de la tribu, de la calle, de la ciudad, de lo que somos. Son nuestras palabras. No son las únicas, pero es innegable que son nuestras.

Además de los volantes, están los letreros hechos a mano que se ven en muchos comercios. Miles y miles de avisos de todas clases. De ahí también surgen poemas.

Durante años he incluido en mis poemas las palabras de otros. No sé si la patria es el otro, pero estoy seguro de que el lenguaje sí lo es. Las palabras no me pertenecen a mí, por muy poeta que sea, son de todos; el lenguaje, lo que hacemos con él, es cosa de todos.

Hay dos vertientes generales de la poesía. Una intenta mostrar la experiencia del individuo, su lugar en el mundo, cómo construye ese individuo su interior y cómo habita su exterior. La otra muestra las corrientes de lenguaje y experiencia que atraviesan al poeta desde su afuera. Ambas son válidas, ambas pueden ser interesantes y potentes. La primera, con una trayectoria más conocida, privilegiada en los últimos dos siglos, domina aún el discurso poético. La segunda, sin embargo, tiende a ocupar a una cierta vanguardia del presente, que ha encontrado en la enorme cantidad de escritura que circula por internet una fuente de inspiración y material muy importante.

A mí me interesan las dos formas. Vengo de la primera, y de una manera u otra, durante los últimos cinco años, he estado escribiendo poemas y haciendo libros con las dos. “Poemas de Buenos Aires” es poesía lírica aunque incluye palabras de otros. “Arte de volantería” se está construyendo exclusivamente a partir de las palabras de otros, no tanto las encontradas en internet, como sí las encontradas en la calle.

Buenos Aires 2015


El futuro del proyecto nacional
Por la Argentina que todos queremos
Hay que ganarle a la derecha
Quieren voltear al gobierno
Toda la ciudad para todos
Que florezcan mil flores
Provoquemos una evolución en la Ciudad
Tenemos patria, recuperemos la Ciudad
Aluvión ciudadano es participación
En la Ciudad y en el país
La Ciudad es el otro
Cuando soñás en equipo, soñás más grande
Por una Ciudad mejor
Para hacer de esta ciudad un lugar más justo
Una sola ciudad
Seguridad, educación, cuentas claras
Ideas nuevas para cambiar la Ciudad
Por una Ciudad integrada al proyecto nacional
¡Una nueva conciencia está en marcha!
La transparencia es capital para gobernar
Tiene ideas y tiene ideales
Aníbal sí les gana
Vos sos fundamental para construir la Ciudad que soñamos
Una ciudad equitativa y amigable
Quiero ser parte
La ciudad es para vos
Podemos vivir mejor
No somos promesa
Tenemos patria, tengamos ciudad
El cambio empieza eligiendo alguien distinto
Hay otra ciudad

Les demoiselles de Buenos Aires


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