tema: Sorpresas y hallazgos

Últimas noticias


REVISTA
Esta semana, el órgano oficial de la Biblioteca Popular Ambulante incluye:

BAIPEX
El tumblr de Roger Colom incluye:

Ashbery en Buenos Aires


John Ashbery está de visita en Buenos Aires. Buenos Aires es la maqueta de un pueblo del Viejo Oeste para el cine y una ciudad universitaria. Ashbery baila flamenco. Yo voy a verlo, pero estoy muy cansado. Mientras Ashbery baila en el teatro/comedor del pueblo, yo tomo notas en mi cuaderno para mantenerme despierto. De repente, ¡un escándalo! Ashbery ha dejado de bailar y me culpa a mí. Todo el mundo me mira. Apenas puedo abrir los ojos. Ashbery se niega a seguir. Los autobuses de turistas esperan a la puerta. El teatro es el saloon del pueblo, pero más grande. La gente va saliendo, enojada conmigo. Saludan a Ashbery uno por uno. Yo me quedo en mi asiento. Quedamos pocos en el teatro/saloon/comedor. Hablo con Ashbery. Le cuento que es domingo y no hay nada que hacer, que me gusta la dueña del bar, un amor inocente, juvenil, lleno de timideces. Ashbery y yo escribimos un poema juntos. En un paréntesis añado un verso en el que me quedo dormido mientras Ashbery baila flamenco.

Formatos para poesía visual/02







Land Art y otros animales preferidos


Leonello Zambon y yo conformamos el equipo COZA, una forma de mantenernos en conversación constante y un espacio en el que podemos construir juntos, aunque cada uno tenga su propia obra. Nuestros intereses artísticos y nuestras formas de trabajar recorren territorios distintos, pero colindantes, es este espacio fronterizo el que llamamos COZA.
Lo que sigue es un intercambio de mails, estando Zambon en Montevideo y Colom en Buenos Aires.

LZ: Desde el balcón de acá se ve esto:

Alta coreografía de máquinas, humanos, madera, metal, hormigón. Todo lo que apuntala y hace posible la construcción es a su vez un conglomerado de arquitecturas anexactas, construidas a través de aproximaciones, tanteos, montajes de materiales extraños entre si, violencias sobre el territorio, marcas y mediciones. La colisión entre la idea y el terreno es en este caso extremadamente violenta. Creo que no me había dado cuenta que los edificios comienzan como ruina. No es que acaban allí. Mas bien, luego de su vida útil, retornan a un estado inicial como ruina. Excavación arqueológica para encontrar un monumento (o construirlo, da igual).

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Formatos para poesía visual/01




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Huelga de consumo


De repente me di cuenta de que estoy en una especie de huelga de consumo. Y desde hace tiempo. Mi Mac del 2005 estaba en las últimas, imposible de actualizar el software, cuando mi novia me ofreció su portátil igual de antiguo: le saqué el Windows (ese horror) y le metí Ubuntu: tengo una computadora casi nueva. Hace casi un año perdí el teléfono móvil y decidí probar la vida sin uno. Llevaba 16 años usando teléfono móvil, ahora me siento más libre, y no pienso comprar, ni usar otro, si las circunstancias no me obligan. ¿No es eso lo que pretenden vendernos con este tipo de tecnología: más libertad? También una mejor conexión con otras personas, no sólo entre máquinas; y sin embargo, no he dejado de estar conectado. He sustituido el móvil y el teléfono de línea (que tampoco uso), por los encuentros en persona y/o por correo (físico y electrónico), y un par de las redes sociales, usándolas siempre desde la computadora, en casa.
Lo que ha pasado, casi sin que me diera cuenta, es que la calidad ha sustituido la cantidad de los mensajes. Me comunico con las mismas personas, pero menos, y siempre en torno a cuestiones que nos importan. También, ahora que no me pueden enviar un SMS, ha mejorado la puntualidad de las personas con las que quedo en algún sitio, y eso, en una ciudad tan grande como Buenos Aires, resulta positivo: nos vemos un rato, y después cada uno vuelve a su lado de la ciudad, o a sus mil y una ocupaciones, aprovechamos al máximo el tiempo que nos queremos dar uno al otro.
Tampoco tengo televisor ni, por supuesto, cable, ni veo la tele nunca. Esto está resultando muy saludable. Desconozco los anuncios, los famosos, los escándalos, y todo aquello que nos echan en el plato para entretener el hambre de mundo o de realidad que podamos tener. Prefiero salir a la calle y encontrarme con una realidad limitada pero intensa y cercana, que con algo lejano y de baja intensidad. O por lo menos tener un mínimo de control sobre la cantidad de información que me atraviesa.

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Color, aquí, ahora

Valeria Traversa
Línea de flotación
Museo Casa de Yrurtia
Hasta el 5 de enero de 2013

La muestra es pequeña; apenas cubre las dos paredes del zaguán que conduce al patio de la vieja casona del escultor Yrurtia, en Belgrano. Y al parecer, también es simple: unas manchas de color de un lado, unas rayas de color del otro. Los colores son vivos, vibrantes, con esa transparencia que es una de las felicidades que traen a la vida las acuarelas.

Las manchas de color parecen flotar encima de unos dibujos más bien geométricos, o restos de figuras geométricas, hechos casi con regla, con moldes. Todos los planes que vamos haciendo, todos los cálculos, todas las certezas, se van descolocando. No se descomponen, quedan por ahí, por debajo, como recuerdos, como caminos neuronales marcados por la costumbre. Pero el agua, el color, una inundación breve y festiva de manchas, les ha pasado por encima. Hay una alegría aquí: hemos vivido, seguimos viviendo: lo preestablecido, lo acordado con anterioridad, lo formal, lo legal, el GPS de nuestras vidas diarias, se irán borrando. Queda el momento, y el momento se compone de estos colores, estas aguas, estos aires festivos, esta danza que no tiene un más allá. Estamos en el aquí y ahora.

Enfrente, las mismas acuarelas, los mismos colores, igual de festivos, pero en rayas verticales, una junto a la otra, un papel de rayas junto a otro, por encima o por debajo de otro. Cuando veo rayas verticales, pienso en la cárcel, o en algunas camisas que uso, aunque no me gusten. Sin embargo, los colores que ha elegido Valeria, el orden en el que aparecen, a veces incluso sin un orden cromático estricto, más como alineados caprichosamente, me devuelven a la alegría de la que hablaba antes. Aquí no hay resaca, ni de la danza, ni del momento anterior. Hay continuidad bajo un orden distinto. Como si la felicidad de aquella fiesta se hubiera vuelto alegría al recordarla. ¿Hace falta añadir que el recuerdo tiende a lo selectivo, al orden, a querer establecer una linealidad, una causalidad?

Debo decir que esta pequeña muestra me sorprendió. Siempre me han gustado los dibujos de Valeria. Recuerdo otros más dramáticos, siempre abstractos, pero con líneas cortadas, zigzaguantes, en todas direcciones. Aquí hay otra cosa, una calma alegre, quizá. Y lo que me llamó la atención fue el uso del color; y si no es el uso, es el dejarse llevar por esos colores, como por la dicha infantil (que aún siento) ante una caja de lápices de colores. No estaba yo muy de buen humor el domingo por la tarde, cuando fui a la inauguración, pero me dejé llevar por esos colores: dejé que me elevaran en su principio del verano, en su final del verano.

Marineros de agua dulce


Este domingo en el CC Matienzo


La condena


Soñé que había sido condenado a muerte… en España. Según el sueño, el gobierno español había aprobado una ley que condenaba a muerte a todo asesino, real o ficticio. A mí me habían encontrado haciendo el papel de un homicida en el teatro. Hace muchísimos años que no soy actor.

Me levantaba temprano. Estábamos en un hotel que era parte de una estación de trenes muy grande. Digo “estábamos” y es que en el sueño todavía estaba casado con Carmen. Me levantaba temprano, salía de la habitación sin hacer ruido y me dirigía al punto de encuentro donde los condenados debíamos entregarnos a la justicia.

Ahí había otros dos hombres. Uno condenado por haber matado a alguien de verdad, otro por haberlo hecho en una función de teatro, como yo. El lugar era una mezcla de estafeta de correos, comisaría, oficinas de la empresa ferroviaria; todo era de madera, muy como en el siglo XIX.

Esta era mi segunda condena. La primera había sido conmutada. Tenía la esperanza de que, habiendo sido ficticio el asesinato, el Estado no viera la necesidad de llevar mi sentencia hasta el fina. Era una de esas esperanzas que uno no se atreve, casi, a tener—al menos no de manera abierta, como si uno se escondiera de si mismo en esto—por superstición, o por acostumbrarse a aguantar lo que venga.

Carmen no sabía nada de esta segunda condena y supuse que pensaría que me había levantado tan temprano para ir a dar un paseo po la ciudad desierta. Se daba cuenta de lo que estaba pasando cuando entraba en una oficina—hablando por teléfono, con la atención puesta en otra cosa—y se sorprendía de verme ahí.

Al poco rato, llegaban los papeles del perdón para el otro actor y para mí. Pero no para el asesino real, que debía pasar por un simulacro de muerte y luego pasaría a la cárcel.

Todo era inútil y ceremonial. Una absoluta pérdida de tiempo, de energías, de dinero. Además de la tremenda presión emocional de no saber si la pena se llevará a cabo o no. En esta España paralela, la de Don Quijote pero ya llegada a nuestros tiempos, pasaban cosas así. Cosas increíbles. Cosas como muy clara y obviamente de mentira, que todo el mundo sabía que eran mentira, pero vueltas de verdad, una “verdad” en la que todo el mundo participaba como si fuera la verdad de verdad.

La papa oficial de la BiPA


Hay que dejar que las ideas florezcan. —— Ramiro Cabana



{Las fotos son de Maite Rodríguez; la gata es Miti, heroína de mil aventuras, y ahora, en el otoño de su vida, de mil siestas}

Chocolatería peronista


Fabiana Di Luca se ha impuesto la noble tarea de inducirnos, siempre suavemente, a comernos a los ídolos y los símbolos. Lo mejor de esta especie de canibalismo en efigie es que invita incluso a los rivales, adversarios y enemigos políticos del peronismo a comerse al peronismo: ya sea para cobrar de ahí fuerzas o para hacerlo desaparecer. Esta universalidad, ¿no es también una de las señas de identidad del peronismo?

Los argentinos dicen que el peronismo es incomprensible para los extranjeros. Yo diría que es al contrario: los extranjeros lo entendemos como una manera de ser de los argentinos, así se ve desde fuera estando dentro, mientras que a ellos les cuesta mucho más mirarse al espejo. A veces pienso que cuando los argentinos celebran el peronismo en toda su complejidad, es que se celebran a sí mismos en todas sus contradicciones. Desconfío siempre del que no es contradictorio, sea persona, empresa o país. Y es porque la realidad es compleja, varia, difícil; y a veces resulta que la única forma de atravesar algunos de sus momentos es manteniendo dos actitudes, opiniones, ideas contradictorias de manera simultánea: manteniendo su verdad, la de cada una alternativamente, la de ambas a la vez, como si la vida nos fuera en ello.

Y es que sí, la vida nos va en cómo nos vemos, en cómo la vemos. Y, por supuesto, en qué comemos.

Hay un blog al respecto: LA FÁBRICA-CHOCOLATES PERONISTAS

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