tema: Poemas

Eclipse


Todavía descansando
se encadenaban las tragedias:
desastres personales de un signo
a otro amplificados en pantalla.
Nada se perdía en la concentración
del frío por algunas de nuestras calles.
Sonaron alarmas: no todas.
Se siguieron los protocolos: no todos.
Ahora llovería cada tercer día.
La huelga de transporte se incorporó
a nuestras horas, suspendida los martes.
Mientras, adentro, aquí, tu y yo
deambulábamos en círculos distintos
como a ciegas, casi en secreto.
Había que sumar sueños.
Cada quien debía anotarlos
y depositarlos en su caja correspondiente.
El viento licuaba las ventanas,
Otra tormenta se detendría en seco
dejando a su público en ascuas
atónito pero aliviado.

La orilla


Uno se puso a contar la ficción
del mundo. Los demás
mirábamos no sin cierta alarma
cómo se deslizaba la realidad
—o lo que siempre habían sido
nuestras palabras—en capas
hacia el río.

La corriente ya no era nuestra.
Vimos como se llevaba un barco
incendiado. Los policías saludaban
desde la otra orilla, sin esperanza.
El crujir de la madera en el fuego
el susurro del agua
el silbido del viento
el estruendo lento de la tierra
al hundirse—todo aquello
había que recordarlo
como si fuera lo último que quedaba
para generaciones por venir
para distinguir un tiempo de otro
para chistes de pura supervivencia
para mirarnos unos a otros
como si fuera hoy un día nuevo
de lluvia y sol a la vez.

Cruzando la General Paz


Tanto tiempo guardando la ropa
sin salir a comer
o dedicarse a mirar el viento.
Comienza un turismo trágico
en el que uno queda varado
preguntando si hay sistema.

Es otra forma de entregarse
al culto de la desorientación.
Entre calendarios, días de agua:
hormigueo de horas delicadas
y observación astrológica
en el clima de cada lujo.

Silencio que sigue se va etiquetando.
Sin etiquetar no hay futuro.
Lo demás requiere el registro
—a oscuras de todo precipicio—
en el rumor de cualquier recuerdo.
Y así, hasta que haya quórum.

Entre México y Chile


Me fui porque me ahogaba.
Lejos, adonde había oxígeno
y la lluvia se oía
contra el vidrio, su olvido
pero de otra manera.

(La idea fue siempre
que si podía llover
lloviera.)

El día culpable de ceniza
cae la tarde.
Por aquí el tráfico acelera
se siente el peso de las máquinas
el viento que dejan
su adiós.

Ceniza y amarillo cae la tarde.
No te veo.
Salgo a buscarte, y estás ahí
sonriente, con ideas nuevas
una bolsa en cada mano.

Una tarde en cada vida.


Resistencia


Primero iba a ir
luego no
luego sí, y salí.

Y vi que me olvidaba la pipa
y volví;
luego vi que me olvidaba la SUBE
y volví;
luego vi que decidía enviar ese mail
y volví.

Luego me di cuenta de que algo en mí
no quería salir
y salí.

Casino Royale


Se apuesta a lo sagrado—con la excepción
de llevar siempre en el bolsillo
una herejía, mayor o menor, como salida
de emergencia, y monedas
para cuando no hay cambio.
Apostamos a la sonrisa vuelta mordida.
El helicóptero de la policía cae al río
dejando un extraño espesor en la manera
de hablar, un sabor distinto de alegría.

Las luces de otro por la autopista
encandilan y causan mi accidente.
Uno apuesta por sus propios fantasmas
y los va coleccionando, y más
ahora que somos todos incompatibles:
un atisbo de lo que hubiera sido—
un camino a la ruina de la salvación.

La finta funciona. La dirección
equivocada nos lleva adonde íbamos.
Hormigas acarrean nuestro almuerzo
a una digestión más digna. A esa clase
de periodismo me refiero, si casi
todo lo que sabemos desemboca en error.

“En el futuro no habrá futuro.” Así empieza.
La mañana se despeja de verdades
automáticas. El aire es nuevo y más
barato. Y mientras, vamos levantando
nuestros amores, nuestras horas
de mirar por la ventana y preguntarnos
si afuera hace frío.

Música contemporánea


El baterista lleva gafas.
Hasta hoy todo ha sido así.
Se silba en clave
se canta lejos de la realidad
(que no falta poner
entre comillas)
se sufre incluso lejos de la vida.

La clave se desdobla
y desintegra en secreto.
Años después la encuentra
un perro en una película
mientras pasea con su dueño
entre hojas amarillas
mojadas, porque ha llovido.

Viene la policía.
Temas y temas condensan
el polvo; la luna
truena. Caminamos
en blanco.

ENDECASÍLABO


Para Felipe Sáez Riquelme

Nosotros hablamos en octosílabos.



El día que murió John Ashbery


A menudo aspirando a otra cosa
uno sale en busca de un rostro
de una desnudez sin rostro
de un rostro con el cuerpo
de otra manera, los dientes
y el pelo, la lata
de cerveza en la mano.

Y todo el tiempo camina
por la ciudad como si estuviera
sentado en el auto esperando
a que el camarero traiga el café
con sabor a otra cosa, frambuesa
licor de naranja, la hierbabuena
de un instante de hace cuarenta años.

Luego alguien inventa su marca
para que todo permanezca igual
y lo envidiamos. Un ruido
acelera hacia un silencio.
Sabemos que el silencio no existe
y lo añoramos como a un error
amado por todos, tan admirado
que los años lo han ido lavando
hasta conseguir un acierto—
el mejor de nuestros orígenes—
un taxi preferido, la bici
prestada para siempre.

Manual de fotografía


Lleno poemas—
voy blanqueando opiniones a cero
luego, el nudo en la ira
el silencio.

¿Qué diferencia guardo
entre opinión y emoción?
En términos prácticos
en su efecto sobre

  • la realidad
  • su encuentro
  • su manipulación
  • su otro
(Y el pequeño comercio
en su tormento
su parálisis
su fijación—quedarse
sin cambio).

Además, ¿quién se entrega
a mirar por la ventana
a esta hora?
¿Qué se deduce en esa entrega?
¿Qué se captura?

¿Una buena foto?

Soneto averiado


Huída rima con caída
Concepto rima con precepto

Vida rima con suicida
Perfecto rima con abyecto

Lugar rima con amar y con faltar

Estría rima con avería y nuevo día


Jaicú de ayer al anochecer


Rojo de semáforo
en la lluvia—
lágrima de sangre hecha luz.

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