tema: Cuadernos

Primer plano oficial de la BiPA


¡Ya lo tenemos! El primer intento de plasmar en papel las ideas que me han estado rondando por la cabeza en cuanto a lo que sería el carro de la BIBLIOTECA POPULAR AMBULANTE.

En lo alto de la parte alta, a la izquierda, ahí va el águila imperial (probablemente habsbúrgica) en homenaje a Marcel Broodthaers. La ametralladora calibre 50 es un homenaje al presidente de turno en EEUU y a Tom Sachs, otro gran héroe de quienes hacemos la BiPA.
Los cuatro rectángulos que se ven en las cuatro esquinas del rectángulo más grande son las patas plegables de la mesa desplegable que va de ese lado del carro, el lado de la biblioteca. La cocina va del otro lado y no se puede ver desde este ángulo. Entre biblioteca y cocina habrá un espacio para el operador de la ametralladora calibre 50.
La banderita irá en una especie de antena o asta flexible y, además del logo de la BiPA, llevará el lema COMER O MORIR, simultáneamente patriótico y gastronómico. Como debe ser.

La melancolía por Skype


Esta pequeña disquisción sobre la melancolía y la nostalgia y sus diferencias tuvo lugar hace un rato por Skype. Puede que sea interesante para alguien, así que la presento aquí tal y como fue, como un diálogo

Fabiana Di Luca
a ver… lo que estoy tratando de decir es que si realmente hay deseo, necesidad de salir a decir cosas, hay que pensar la manera de decirlas. eso es lo que estoy diciendo. no para trabar lo que salió hasta ahora sino para forzar un poco más allá lo que hay, expandirlo

y no como una recurrencia melancólica al pasado

ninguno somos los que fuimos, eso lo tengo clarísimo

y no me interesa que así sea

Roger Colom
ah, lo de melancolía lo decían como si dijeran nostalgia?

Fabiana Di Luca
claro!

Roger Colom
son dos cosas muy distintas

Fabiana Di Luca
acá son dos palabras que confundimos

Roger Colom
muy mal, porque van en direcciones distintas

indican fuerzas distintas

intensidades distintas

(texto completo...)

Elecciones


Este año viene con elecciones. Es como decir que con la compra de un cuarto de queso tienes un set de palillos de regalo. Palillos de madera. De los normales.

Aún así, hace ilusión ver todas esas construcciones lingüísticas colgadas por la calle. Y tanta foto hipercorregida electrónicamente. Lo bueno de las elecciones es que, durante el tiempo en que los carteles están por todas partes, podemos ver y reconocer lo que en realidad queremos:

Más vigilancia/menos libertad (yo soy una persona normal, una buena persona, y no hago nada malo, ni tengo que andar en lugares donde no me llaman, así que si hay más cámaras, mejor)


Chovinismo (nosotros, y más nosotros y nuestro lugar y lo nuestro, porque nosotros y nosotros, nada más que nosotrossssss… y otras expresiones del Ego gilipollas)

Una cena de navidad, a estas alturas...


Normalmente cuando tengo una idea para hacer algo en prosa, con la idea encuentro que es suficiente. Puedo escudarme en el arte conceptual, que en sus orígenes defendía precisamente eso.

Aquí de lo que me di cuenta era que había que dar un paso atrás desde la narrativa. En lugar de narrar algo, mostrarlo: con listas, con estadísticas, con direcciones de casas apuntando a los espacios socioeconómicos de los “personajes”, que tampoco aparecerían. Quería casi retirarme de la prosa como consuelo.

Luego pensé en dar todavía otro paso atrás: no mostrar, sino sólo contar la idea. Y entonces me gustó: queda todo completamente abierto, cualquiera puede rellenar el formulario y contar la historia como quiera.

Aquí está, tal y como la anoté en mi cuaderno (en diciembre):

Un cuento compuesto únicamente por los menos de la cena de navidad de varias familias, grupos de amigos, parejas e individuos solos. Listas de los platos, las bebidas, lo que comen los niños, si los hay y comen algo diferente. Se da el número de personas y su edad. Cada grupo es de distinta condición socioeconómica. Se da la dirección: todas son casas de Buenos Aires capital. No hay narración de ningún tipo, sólo información. Una especie de literatura documental.

Ex poema


Un sentido militante


Nubes de tormenta


Algo acerca del peso extraordinario de la comida
sobre la realidad soñada


Un regalito para Gemma

Primera aventura


Viejo plan para un libro


El grito


Gastronomía para hoy


Todos los días una vez




Era la consigna. Aunque hacía años, muchos, que nadie era capaz de decir a qué se refería, qué era lo que había que hacer o dejarse hacer esa única vez diaria. Algunos se duchaban, creyendo que el imperativo tenía que ver con la higiene. Otros comían, pero comer una sola vez al día a veces obligaba a pasar hambre, con lo cual habían elaborado toda una mística de la abstinencia. Otro grupo, más disperso, opinaba que la consigna se refería al sexo y follaban a diario, aunque algunos, aprovechándose de aquellos a los que el juego de dar la vuelta a las sillas que practicaban había dejado de pie, lo hacían más de una vez. Un grupo minoritario pero radical, víctima de toda clase de chistes, pensaba que se debía orar una vez al día. En pocas generaciones la consigna había generado toda clase de sectas: los de un vaso de agua al día, los que sólo miraban el reloj una vez, los que dedicaban su atención al retrete, los que miraban por un precipicio, los que salían al balcón y gritaban su nombre, los que anulaban cualquier impulso, escogido al azar una vez al día.
Yo ahora estoy en la cárcel por haber escogido mi propio camino, uno que a nadie se le había ocurrido y que por tanto no tenía el apoyo de una secta o un grupo o facción. A mí se me ocurrió hacer algo bueno por otra persona una vez al día, como se podía leer en los libros antiguos, antes de que los prohibieran porque, al parecer, promovían el individualismo o la creación de cada vez más sectas. Quizá estoy en la cárcel por haberlos leído. Pero si es así, alguien tuvo que saber que yo había leído algo, alguien tuvo que leer también.
Existe un grupo cuyos miembros ponen una denuncia anónima al día, pero nadie sabe quienes son.

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