tema: Cuadernos

El día de la música




La música no existe, dijo alguien que no había escuchado ni sido escuchado en mucho tiempo. Ninguno de los presentes recordaba su nombre. No hacía falta. En este pueblo nadie sabe cómo se llama nadie, y además, nadie dura lo suficiente como para que valga la pena recordar su nombre, al menos en términos comerciales. Eso es lo que dicen los nuevos. Yo llevo aquí bastante tiempo, días, incluso, y todavía no he sentido la necesidad de nombrar nada.

Nos comunicamos por medio de silbidos; tamborileos con diversas extremidades o partes del cuerpo y sus extensiones; cloqueos de la lengua contra el paladar; dedos que señalan a la nube que pasa y expresa exactamente lo que uno desea que sea expresado; índices que marcan lo que uno quiere; cánticos y gemidos varios que, a veces, se mezclan y combinan, creciendo hasta llegar a ese griterío imprescindible para describir la realidad en la que estamos sumergidos; y, por supuesto, dinero. El consumo, o la vida, es así: deseo, cuerpos que se agitan y hacen ruido, y dinero que circula.

(texto completo...)

La libreta mágica


Acabo de empezar una Moleskine nueva. Las libretitas negras, de bolsillo; siempre llevo una, no siempre de la misma marca. La que terminé hace unos días era una Brugge, argentina, que resultó bastante buena en cuanto a resistencia, maltrato, llevarla en el bolsillo trasero del pantalón. Luego, metí la mano en el cajón donde guardo mi alijo de libretitas negras y saqué una al azar, la que estoy empezando ahora.
Pero ocurre que en la que acabo de terminar todavía hay un montón de notas e ideas con las que sigo trabajando, así que la llevo en la mochila, y la seguiré llevando unas semanas más hasta que esas ideas hayan sido realizadas, olvidadas o sean del tipo que puedo poner en marcha en el taller, y entonces se quedará ahí, en la hilera de las libretas llenas.
Lo ideal sería, claro, llevar una sola libreta. Una libreta sin fin, en la que uno siempre estuviera escribiendo en la penúltima página, en la que siempre quedaran una o dos páginas, de manera que conforme uno fuera escribiendo, lo que se anotó al principio de la libreta fuera pasando a una especie de memoria, a una libreta que lo abarcara todo. Una libreta mágica que siempre incluyera lo que uno necesita.
Y existe, aunque no en papel. En un teléfono inteligente podría llevar todas las notas, todas las ideas, todos los fragmentos de poemas. Sin embargo, el teléfono, aunque más ágil en algunas cosas, no lo es tanto a la hora de incluir diagramas, dibujos, objetos reales, papeles encontrados en la calle, ese tipo de cosas. Los objetos reales (planos, claro) y los papeles encontrados en la calle, fotografiados, pierden algo de su valor testimonial como objetos. Pierden su realidad material y con ella, algo de su valor documental y hasta poético. La cosa sigue siendo la cosa, y la imagen es una imagen, una representación.
Y el lenguaje pertenece a otro orden que la cosa, también. No es para nada lo mismo que yo cuente o describa algo a ponerlo sobre la mesa para que usted lo vea, lo manipule. La imagen de la cosa tampoco es manipulable en ese sentido. El tipo de evidencia de la realidad que ofrecen el lenguaje, la imagen o la cosa es muy distinto. Y esa diferencia es la que importa en las libretas: un papel encontrado en la calle, con sus manchas, sus pisadas, su mugre, no es lo mismo que una foto de ese papel. También cuando vuelvo a las notas para uno poema o una acción, me interesa ver el tipo de letra que utilicé al escribirlas porque me indica algo de mi estado de ánimo, o incluso del momento y el lugar en las que las escribí: no es lo mismo escribir en el tren, con todo el traqueteo, que a la mesa de un bar que de pie en la calle. No es lo mismo escribir rápido que despacio. No escribo con la misma letra según estoy nervioso, molesto, alegre, tranquilo.
Ojalá hubiera una libreta mágica, infinita, donde cupiera todo lo que he estado pensando, planeando, escribiendo en los últimos meses y que, por supuesto, necesito inmediatamente, ¡ya!, al alcance sin tener que volver a la libreta anterior.

El futuro ya llegó


Emblema del año pasado


Primer plano oficial de la BiPA


¡Ya lo tenemos! El primer intento de plasmar en papel las ideas que me han estado rondando por la cabeza en cuanto a lo que sería el carro de la BIBLIOTECA POPULAR AMBULANTE.

En lo alto de la parte alta, a la izquierda, ahí va el águila imperial (probablemente habsbúrgica) en homenaje a Marcel Broodthaers. La ametralladora calibre 50 es un homenaje al presidente de turno en EEUU y a Tom Sachs, otro gran héroe de quienes hacemos la BiPA.
Los cuatro rectángulos que se ven en las cuatro esquinas del rectángulo más grande son las patas plegables de la mesa desplegable que va de ese lado del carro, el lado de la biblioteca. La cocina va del otro lado y no se puede ver desde este ángulo. Entre biblioteca y cocina habrá un espacio para el operador de la ametralladora calibre 50.
La banderita irá en una especie de antena o asta flexible y, además del logo de la BiPA, llevará el lema COMER O MORIR, simultáneamente patriótico y gastronómico. Como debe ser.

La melancolía por Skype


Esta pequeña disquisción sobre la melancolía y la nostalgia y sus diferencias tuvo lugar hace un rato por Skype. Puede que sea interesante para alguien, así que la presento aquí tal y como fue, como un diálogo

Fabiana Di Luca
a ver… lo que estoy tratando de decir es que si realmente hay deseo, necesidad de salir a decir cosas, hay que pensar la manera de decirlas. eso es lo que estoy diciendo. no para trabar lo que salió hasta ahora sino para forzar un poco más allá lo que hay, expandirlo

y no como una recurrencia melancólica al pasado

ninguno somos los que fuimos, eso lo tengo clarísimo

y no me interesa que así sea

Roger Colom
ah, lo de melancolía lo decían como si dijeran nostalgia?

Fabiana Di Luca
claro!

Roger Colom
son dos cosas muy distintas

Fabiana Di Luca
acá son dos palabras que confundimos

Roger Colom
muy mal, porque van en direcciones distintas

indican fuerzas distintas

intensidades distintas

(texto completo...)

Elecciones


Este año viene con elecciones. Es como decir que con la compra de un cuarto de queso tienes un set de palillos de regalo. Palillos de madera. De los normales.

Aún así, hace ilusión ver todas esas construcciones lingüísticas colgadas por la calle. Y tanta foto hipercorregida electrónicamente. Lo bueno de las elecciones es que, durante el tiempo en que los carteles están por todas partes, podemos ver y reconocer lo que en realidad queremos:

Más vigilancia/menos libertad (yo soy una persona normal, una buena persona, y no hago nada malo, ni tengo que andar en lugares donde no me llaman, así que si hay más cámaras, mejor)


Chovinismo (nosotros, y más nosotros y nuestro lugar y lo nuestro, porque nosotros y nosotros, nada más que nosotrossssss… y otras expresiones del Ego gilipollas)

Una cena de navidad, a estas alturas...


Normalmente cuando tengo una idea para hacer algo en prosa, con la idea encuentro que es suficiente. Puedo escudarme en el arte conceptual, que en sus orígenes defendía precisamente eso.

Aquí de lo que me di cuenta era que había que dar un paso atrás desde la narrativa. En lugar de narrar algo, mostrarlo: con listas, con estadísticas, con direcciones de casas apuntando a los espacios socioeconómicos de los “personajes”, que tampoco aparecerían. Quería casi retirarme de la prosa como consuelo.

Luego pensé en dar todavía otro paso atrás: no mostrar, sino sólo contar la idea. Y entonces me gustó: queda todo completamente abierto, cualquiera puede rellenar el formulario y contar la historia como quiera.

Aquí está, tal y como la anoté en mi cuaderno (en diciembre):

Un cuento compuesto únicamente por los menos de la cena de navidad de varias familias, grupos de amigos, parejas e individuos solos. Listas de los platos, las bebidas, lo que comen los niños, si los hay y comen algo diferente. Se da el número de personas y su edad. Cada grupo es de distinta condición socioeconómica. Se da la dirección: todas son casas de Buenos Aires capital. No hay narración de ningún tipo, sólo información. Una especie de literatura documental.

Ex poema


Un sentido militante


Nubes de tormenta


Algo acerca del peso extraordinario de la comida
sobre la realidad soñada


Un regalito para Gemma

Primera aventura


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