Preparativos


Arreglaré la distancia mientras hablan.
Siempre esas voces, siempre ese impulso—
aunque la habitación esté desierta
con demasiada luz
y cubierto el espejo, la lámpara enfrentada
como en el ensayo de una ciudad completa
en pocos metros.

Después firmaré y el viaje
se convertirá en secreto de espacio:
visitaré parques de senderos anulares;
tasaré triángulos y señales;
y tomaré café como si aún quedaran mapas.

Estas hojas, por ejemplo.
Comienzan a partir de sus leyendas
pasan por los pliegues de algunas carreteras
—la escala marcada a ojo—
y desvían los cúmulos de fotografía
que todavía nos enviamos.

Lo demás habrá que anotarlo
y guardarlo con la mirada escondida
entre dos temperaturas, o más claro:
entre dos fulgores, uno tuyo
y otro de otro día, otro lugar.