22/08/07
Viajero con souvenir: primera versión
Soplaba la tramontana, y recordé que en mi juventud yo deseaba
ser muchas personas y ser de muchos lugares al mismo tiempo,
pues ser sólo una persona me parecía muy poco.
—Enrique Vila-Matas
Creo que un entrenamiento así
vale mucho más de madrugada.
Sobre todo ahora
cuando se sabe que nacemos novelistas.
Esta opinión ensimismada
inicia cada año el cortejo de arena
entre quienes miran al sur y quienes fijan el norte.
Pero dura poco, y hablar en privado cuesta más.
No se puede celebrar la guerra de las cabezas
si hay dolencias que los encantadores de serpientes
envían tarde a las piedras.
Pero algo buscamos y eso es lo que importa:
la imagen del mundo en un instante
o la señal nueva que apunte a quien esté a su lado.
Sin escoger.
O eso te iba a decir cuando vi que por aquí ya hemos pasado.
En efecto, ahí está la publicidad con su aviso de neón
reflejado rojo en un charco de noche:
Todo lo que se cancela vuelve
y todo lo que vuelve se cancela.
Menos mal que soñamos otra orilla:
una que garantice la novedad
con sus nubes reventadas
catálogos de ayer
y las horas de espera obligatorias hoy.
Quizá con eso pueda lavarse cualquier idea
y su herida cualquiera, o la huella.
Luego, sin que nadie nos vea, podremos cerrar los ojos.
O coleccionarlos, que también duele.
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