18/08/07
Literatura de evasión
Contra las cuerdas
los galardones llegaron de poco en poco.
Algunos demasiado tarde.
Los altavoces no dejaban de anunciar
el premio de los nombres—
un censo entero.
Desde azoteas líquidas
la mano izquierda para saludar
los ganadores no fingían su alegría.
Un alborozo extraño cubrió la ciudad
y con el frío eliminado
todo fue sucediendo— más que menos—
con la normalidad que los medios proclamaban.
Así, con el humo a nuestras espaldas
fue fácil escabullirnos en el rosa vieiráceo de la tarde.
Entregado el último premio
los ganadores de siete vidas se lanzaron de lo alto
siete veces menos una;
los de menos vidas
menos veces menos una
hasta llegar a la lista de los muertos
que sólo saludaban
y sonreían.
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