Otros viajeros


Dejaron su teoría de la espada y la pared:
huyendo con las divergencias bajo el brazo
para no llenar de vidrio molido el habla.
Dejaron el tenedor clavado en la lengua
siempre más blanca y para el domingo y su secreto;
para la lluvia a media tarde y el tráfico de sus ideas—
sueño de otro fuego con espejo en la duda.
También dejaron en su alegría una mañana:
querían algo que no se olvidara encima de la mesa
junto al gris que deja de serlo
cuando cambia la luz, más alta, más dura
y el dinero se guarda entre las aguas quietas
dejando el velamen tendido a la falta de viento.