Hotel Valencia


Llegó esta mañana y nosotros todavía sin dinero.
El chocolate está frío
y el tacto de tu persona
y la ropa que llevabas ayer.
Cada vez que llaman a la puerta corremos
cada uno buscando su autobiografía en los estantes;
su justificante de pago;
su miniatura de una carabela
a punto de alcanzar el horizonte
para dejar claro
—alguien ha vuelto a pisar al perro—
que no es culpa nuestra
toda esta soledad como una calle
donde hace años que está prohibido aparcar.
Y la calle en domingo, encima.

Creo que los sábados expresan mejor
lo que pensábamos que ocurriría.
Es cuando vienen a ver si seguimos aquí.
Aunque a veces nos tiran algo por la ventana.