Por participar

en el debate (y ahora siempre los debates tienen lugar en la blogosfera, y no en la prensa) entre David de Ugarte y Alejandro Polanco.

La ciencia no es contínua. Da saltos, retrocede, avanza, sale en distintas direcciones. El método no es tal, ya que hay muchas metodologías, como demuestran tantos científicos que se pasan de una disciplina a otra para poder investigar aquello que les ha llamado la atención. La Historia de la Ciencia, sin embargo, nos cuenta una historia (nótese el paso de las mayúsculas a las minúsculas), nos hace una narración, y la narración siempre tiene un principio, un medio y un final—la santísima trinidad de la narratica, que siempre nos avisa, un poco a escondidas, que el proyecto de la Historia es teológico, logocéntrico: del Paraíso, pasando por Cristo, llegaremos a la Salvación. La estrategia narrativa tiende a borrar las discontinuidades, los errores, lo raro, lo que no encaja. Tapa todos los agujeros. Sólo así puede ser coherente.
El problema con esta coherencia es que depende de un punto de vista, el de quienes van fabricando la narración, la historia, la Historia. Y no cabe duda de que este punto de vista es interesado, es un intento de domesticar el caos del tiempo.
Mark Taylor: “Como cualquier intento de dominación, la historia y su narración representan una empresa colonial. El logocentrismo de la historia implica que la narratividad funciona para humanizar el tiempo dándole forma.”
Y es con esta colonización que se sienten (nos sentimos) incómodos los posmodernos.