Algunas notas sobre el mercado del arte en Argentina


Se ha inaugurado ArteBA, la feria de arte contemporáneo de Buenos Aires. No he estado en ediciones anteriores, pero por todo lo que oigo, la presente es bastante mejor. La feria tiene la ambición de internacionalizarse y convertirse en el referente mundial del arte latinoamericano, lo que significaría que su principal competencia proviene de Art Basel Miami y de la Bienal de San Pablo, un listón bastante alto.

Salir adelante con esta ambición requiere, a mi entender, un programa anual de promoción del arte latinoamericano y argentino que dure todo el año, culminando, claro, en ArteBa cada mayo. Así, en el programa, habría que incluir visitas guiadas por las galerías de Buenos Aires para coleccionistas, críticos y directores de instituciones de todo el mundo. Haría falta que lo que ocurre durante la temporada de exposiciones en la ciudad apareciera en las revistas de arte internacionales, tanto en artículos expositivos y críticos, como en publicidad. Habría que crear un programa de intercambios entre galerías argentinas y las de otros países, de manera que se pudiera ver aquí lo que se está creando en otras partes y allá lo que se está haciendo aquí. Si el mundo no se entera de la enorme producción simbólica que tenemos aquí, es casi como si esa producción no se diera. Y si no se crean expectativas internacionales, muchas de las iniciativas que se lancen a nivel local tendrán un alcance limitado.

También habría que cambiar las leyes argentinas de importación y exportación de arte. Si se presentan demasiados impedimentos a las galerías que vienen de fuera, éstas decirirán que les resulta más rentable ir a otras ferias en otros países; y si no vienen galerías de todo el mundo, tanto con la intención de vender como de comprar, el que sufre, por invisibilidad, es el arte argentino. Cuanto más libre el mercado, mejor para las galerías, para los artistas y, a la postre, para el estado, ya que a cambio de una menor recaudación de impuestos al principio, se crea un mercado más fuerte y más rápido, que al final reportará mayores ingresos para todos. Esto repercutirá, también, en beneficio del país, ya que permitirá que el punto de vista argentino y latinoamericano se exprese de manera más efectiva a través del arte de la región, de insuficiente visibilidad a nivel mundial.

No sólo hace falta producir sentido, hay que lanzarlo al mundo para que ese sentido además tenga una dirección, tenga fuerza, y llegue a otros ámbitos. Se trata de entrar en las redes en las que se produce sentido a nivel global. Sólo de esa forma, paradójicamente, es posible mantener una cierta autonomía en lo simbólico. De otra manera, sólo somos receptores, aptos para la colonización de ámbitos culturales más fuertes, aunque no necesariamente mejores ni adaptados a nuestra circunstancia.