Marcelo Bordese


Lo primero que me pregunté al ver las pinturas de Marcelo Bordese fue, ¿por qué no tiene galerista este buenísimo pintor? La pregunta no implica que otros pintores no sean buenos, ni que los galeristas carezcan de criterio. Para evitar esa implicación debo reformular la pregunta: ¿Por qué no existe, dentro del ambiente del arte contemporáneo argentino, una estructura relacional en la que Marcelo Bordese pueda encajar?

Por estructura relacional me refiero a dos cosas. Una, es el relato legitimador de cualquier obra de arte. Ya no existe un gran relato que lo cubra casi todo y lo explique. Digo casi porque siempre queda algo fuera, como el surrealismo en el relato de Clement Greenberg sobre el Arte Moderno. Ahora existe una multitud de relatos, cada uno válido en si mismo, aunque no todos lo sean en relación con los demás. Y segundo, me refiero precisamente a esa relación, o a la posibilidad de relación que da pie a todas las relaciones que queramos establecer.

En una galería los espectadores nos relacionamos con el arte que estamos viendo y, gracias a él, unos con otros. También somos nosotros los que establecemos relaciones entre una obra y otra, y entre los relatos que las legitiman. Algunas obras incluso llegan a pedir la participación activa del espectador y entre espectadores. Así, el arte contemporáneo es, siempre, social. Y la extrañeza que yo manifestaba hace un rato es de que no hubiera sitio en esa sociedad del arte contemporáneo para Marcelo Bordese.

Arthur C. Danto dice que “la percepción básica del espíritu contemporáneo se formó sobre el principio de un museo en donde todo arte tiene su propio lugar, donde no hay ningún criterio a priori acerca de cómo el arte deba verse, y donde no hay un relato al que los contenidos del museo se deban ajustar. Hoy los artistas no consideran que los museos están llenos de arte muerto, sino llenos de opciones artísticas vivas.”

Es evidente que Bordese conoce a fondo el Museo y que ha elegido una “opción artística viva” que no es precisamente la más fácil de relacionar con la sociedad artística contemporánea. A Bordese le ocurre como al surrealismo en el relato de Greenberg: no encaja, parece una regresión extraña, tiende a lo poético más que a lo filosófico o lo sociológico. Dentro del retorno de lo real, Marcelo Bordese vuelve a lo imaginario, a una monstruosidad que surge de lo onírico y de la pulsión religiosa mezclada con una conciencia de sanguinolenta de nuestra animalidad.

Bordese se come un bife crudo en un banquete vegetariano, y lo hace con los mejores modales del mundo—sólo hay que ver la calidad y seriedad de sus pinceladas. Así y todo, parece antisocial. Pero precisamente sabemos por la historia que muchos que ampliaron los límites de lo aceptable y de las relaciones sociales fueron tomados, en un principio, como antisociales. Baudelaire, el fundador de la poesía moderna, fue multado por la República Francesa a causa del contenido de sus poemas. Picasso y Braque necesitaron de la labor incansable de Kahnweiler, su galerista, para que el cubismo entrara en el relato oficial del arte de su tiempo. Hace sólo unos años que el Vaticano pidió perdón por el papel jugado por la Iglesia en el caso Galileo.

Precisamente en el arte contemporáneo se da la posibilidad de que no haya un relato dominante—o esa posibilidad es el relato—sino muchos en relación entre sí. Y si es ese el caso, entonces, ¿qué hacemos con Bordese?

2 Comentarios para Marcelo Bordese

  1. Angie Röytgolz escribió:

    Tengo el honor de estar colaborando en la construcción de su blog y catálogo exclusivos. Te invito a espiar los avances http://bordese.blogspot.com/

  2. Cayetano escribió:

    Mi primer comentario aquí :) para apuntar a otro que he realizado allá. Saludos y suerte a Bordese.