El ausente


Sin hipoteca, sin horas libres
le toca brindar con aire.
Estirará un par de bocanadas y verá
tarareando
que ya nada es lo mismo.

Aquello que toca ser
vuelve ahora con menos almidón
pero siempre un tanto formal.
Con todo, y sin abandonar su día favorito
—o la colección de placeres legales—
encuentra que la escarcha de su origen
se vuelve contra la opinión ganadora.

De las vidas que a cada quien le toca vivir
y aunque en el cine se finge la sangre
¿cuántas hasta el fin?, se pregunta.
Pero sabe que no es nada
comparado con el fuego que arde en todas
y casi cada una de nuestras almas.
Así es como desapareció.

(Última noticia:
La gente que somos saldrá en su busca
durante el verano interminable
y los martes, más acogedor.

Pero los domingos al atardecer
exigiremos que nos pasen el balón
e insistiremos que lo que apetece
es un baño de oro—
un baño, al fin y al cabo.)