Autobombo


El otro día, me comentaban una presentación de un libro de poemas que se hizo en Buenos Aires con todo el bombo y todos los platillos: luz y sonido, música, comida, un gran espectáculo. Días antes, a las personas que me contaban esto, yo les había dado un ejemplar de mi último poema publicado en papel, Carta de un exiliado. Es una publicación humilde, pero sólo en apariencia.

El papel es reciclado del directorio telefónico de Valencia. Las tapas son del mismo material. El librito es frágil y gris. Pero, de nuevo, sólo en apariencia. Lo diseñó Dídac Ballester, quizá uno de los diseñadores más inteligentes y creativos de España, como experimento gráfico. Experimento que tuvo éxito, ya que la Asociación de Tipógrafos de Nueva York, le otorgó una mención de honor y lo incluirá en su próximo anuario.

El viernes, tomé un café y luego di un paseo con Javier Robledo, que tiene un muy importante archivo de videopoesía y lleva en Buenos Aires la revista Bardo, de papel. Javier me decía que, con todos los años que lleva en el mundillo de los poetas, todavía lo sorprenden poetas publicados de los que ni siquiera había oído hablar. A cambio, yo le conté una idea que tuve hace años y que, calculo, está en el ADN del experimento de Dídac, ya que con él la había hablado varias veces: la cosa era conseguir que cada poeta español, sin contar su prestigio o su calidad, contribuyera dos páginas con lo que quisiera, además de su nombre y sus señas de contacto. Luego todo se publicaría usando papel de directorio telefónico, y así se haría el gran directorio de la poesía actual española. Nunca lo sacamos adelante, aunque ahora que lo pienso, no estaría mal hacer algo así para la ciudad autónoma de Buenos Aires (si es para el Gran Buenos Aires, o para toda la Argentina, no me atrevo, el libro sería de unas dimensiones imposibles de manejar).

Todo esto lo cuento para mostrar lo difícil que es conocer el estado actual de la poesía no sólo en un país, sino en todo el ámbito de habla hispana. La gente que me comentaba la presentación que mencioné antes me dijo que al lado de mi poema los demás se quedaban antiguos. Eso, claro, es bueno para el ego, aunque hay que recordarle a ese ego que sólo comparaban mi poema con los de la presentación, no con el estado de la poesía actual, que no sé si existe alguien que lo conozca.