Disculpe, ¿tiene hora?


The poetry is not in speaking to the dead but listening to the dead.

Charles Bernstein

Un futuro pedigüeño.
Otro número que viene vacío
anunciando un quinquenio más al desánimo.
El día en que sentí la espina dorsal
de los celos con el dorso azul de la mano.
Antes el agua;
luego el fuego.
¿De dónde venimos? Esa fantasía.
Adónde vamos. La foto en la esquina
del espejo, cartografía
exigente como la página en blanco—memoria
que poco a poco avanza desierto adentro.
Esa dificultad, ese cielo profundo infierno.
“Nuestra es la religión del instante.”
Ocupemos, por un momento, el instante
más débil. El presente
es nuestra droga sagrada.
Mañana cambiaremos de hotel. Siempre.
Una burbuja de aire en la uretra.
¿Qué hombría nos acoje hoy
sin bala interior de silencio?
Rauschenberg borró aquel DeKooning
y algo de permiso pidió.
Hasta aquí las felicidades obligatorias
y su correspondiente andamio de congoja.
La existencia delito.
El chorro de agua limpia que es cerrar los ojos.
La ventana helada que nutre y hace bailar
el ruido, lo que sobra de calle.
Lo que se instala en la respiración;
la sangre.