El retorno del otro


No miro suficiente la tele
como para escribir poesía
y salir a regar el patio
disfrutar de las piedras en los bolsillos
al entrar en el río.

Un gordo me saluda cruzando la calle.
Su piercing brilla al sol:
brilla y desbrilla, brilla brilla y desbrilla:
lástima que nadie ya entiende
código morse.

Y puede que ni las siglas infinitas
que nos constituyen
como cuerpo y enfermedad
farmacia y paseo de compras
toyota y agua oxigenada

para atildar el presente
(que ahora llamamos futuro)
bajo su tormenta de sol
y la siesta entera.