LA ARENA PROMETIDA


The desert is not only around the corner…
T.S. Eliot

Ni la memoria siquiera, porque la memoria está hecha de la misma substancia inasible y veloz con la que surgen los espejismos y luego desaparecen.
Alvaro Mutis

A poesia é o teatro, diz-me uma voz interior. Representar-me em cada poema, montar-me um personagem, uma acçao, um ambiente.
Nuno Júdice



Vinimos del invierno y los paisajes cortos
contaba el Avi.
Lugares donde se reconcentran las voces a que vibre el agua
y el agua anida en el aire palabras lentas
que han de entrar por la rendija bajo la puerta
o quedan colgadas en el viento como trapos mojados
amaneciendo a veces congeladas.
Lugares donde el salitre y el desaliento cubren las paredes.
Y estos días la luna se queda, invisible
si aún sabemos sigue ahí.

Entra el frío por la ventana rota.
Se concentra un instante del mundo en la gota congelada contra el vidrio.
La luz tensa al amanecer, como ahora.
Abro, llamando al vacío que sé gotea incertidumbre por los sueños
y pronto se oyen las voces de los que esperan.
¿Qué conozco en la diferencia?
la distancia o la luz
luz de la distancia
y sí la siento enfriarse
perder tensión y densidad
y se rompe un poco, ilumina la mañana
aire de vida que duele en los pulmones.

Vinimos del invierno y los paisajes cortos
donde el frío y la humedad luchan por la posesión de la luz;
fueron también vida nuestra, sustento y abrigo.
He vuelto al invierno y el desierto me reclama:

Padre,
Retratándome graduado al ponerme su nombre,
Alargándome un abrazo de orgullo en el tiempo,
Silencio de su imaginación, resguardo eterno,
Mismo que repartió puros a la hora de la hora,
Sería yo un hombre de bien, que lo fuera, me dijo
Llenándome de miedo los bolsillos, lo veo
Con su ausencia, tácito monumento a mi padre.
Dijo al haberle mentido ya no me creería.
Dijo escoge tu religión cuando ya sea tarde
Y lo agradezco, y no se despidió al día siguiente.
No soy hombre de bien, tampoco de bienes,
Viene a ser lo mismo, ni sé guardar el futuro,
Ni soy más alto, ni veo a mi madre ya, guardando
La esperanza que marca el tiempo de su regreso.

¿Cuándo lo viste así? Me pregunto ya tercero
quizá multiplicado, frente al espejo.
(Ocio negativo de mirarse al espejo.)
Estas carnes, atoradas a los huesos en su alferecía de viajes y cambio
lo agradecen. Ya estoy solo, ni a oscuras
pero sin las luces de la lógica, esa mano que solté, recuerdo
y este himno a nada.
Quedan el decorado barato y frágil
algunas malas miradas desde el espejo
cuando el miedo enciende en la piel un umbral por donde huir:
las maletas llenas en dos botes a la deriva, cuerpo y alma, sí
de la noche y todas las guerras dentro.

Entra frío el aire por la ventana rota.
Abro, llamando al vacío que sé gotea incertidumbre
lo siento enfriarse y perder tensión
para doler en los pulmones.

O seguiré hablando del Avi
que mintió para refugiarse en México
y esconderse donde siempre caen cortinas
para descubrir un nuevo muro a la suma vehemente de latidos
corto circuito, suma nueva siempre
en un lugar de la frontera
mirando al norte
donde ruge el comercio a que todos nos vendamos
(haré una lista del mundo, este siglo en orden alfabético)
por monedas que se doblan.

Grito a veces, riendo, ¡que se venga abajo el siglo!
y escojo el momento:
cuando en la tele adivine alguien el precio y la promesa
de una lata de marisco y dos piedras recogidas en la calle, la playa o la frontera.

Alguien hay siempre que me cuente los placeres de ir acorazado en plomo
y en silencio escucho, me callo un momento y le escucho
esperando la primera pausa en duda para despedirme.

Por milímetros ha ido mi experiencia desapareciendo
perdida en incertidumbre, como casi todas
y mis recuerdos parecen descubiertos por la imaginación de otro:
vegetalidad de estar solo con mi sangre
que apenas cambia ya de ritmo.
Parezco asido a la mentira
como la condensación de la mañana por las plumas de un pájaro amarillo.
Armado como estoy con planchas de recuerdo
veneno cuando grito
mantengo la voz presta para la triste eventualidad del silencio
y borrar al menos su apariencia.

Por la mañana me da por elevar un cántico
para las viudas de los mercantes caídos.

Por esa frontera pasaron los Apache, Comanche, Tarahumara
cada vez más feroces y más muertos.
Se acabó con la captura de Gerónimo
ayudándole a cruzar, maniatado, el río.

Norte puro, al sur del norte.
Lástima de aranceles de balas y años de penitencia
pases como pases, sigue siendo un río que divide una violencia de otra.
Fue oasis de caballos reventando no de sed y sí de saciedad
según Villagrá, este Paso del Norte, hoy asfalto
en cuatrocientos años de trajín back & forth.

¡El río Bravo!
canal miserable.

Canto mis torturas de tarde en tarde
mas no vayan a pensar, también las lloro
y por contra, no vayan a decir…
las canto como un himno, just the look
que sí cambia
como páginas brillantes en los libros de descanso.

Hablo solo siempre, poco en plural.
Ojos abiertos a la oscuridad
hombro contra bastidor y el vidrio empañado:
el sueño recurrente en que el Avi se aparece de repente
y suave anuncia que me ha perdido.

Del tráfico los ecos se alejan:
La mujer, Libertad es un nombre, acechará penumbras irreparables
paraísos desmembrados entre neones, en perpetua rutina de cicatrización.
Por la oscuridad roja, sombras se abren paso y apariencias.
Lluvia adentro, se acercará al recuerdo;
cauta romperá el silencio por los pliegues
(algunos de su esperanza)
al aguardar otra explicación, otro cronista
que aumente su historia, la escuche atento
sabiendo pequeña esa futilidad cortés
dejándola abrir su credo ante él
mientras espera el momento injusto para huir
cruzar el umbral de otra frontera
como lo hice yo, abandonándola en otros brazos
por volver al escándalo de mi muy propia esclavitud.

El exilio es mío
cruzando la frontera me lo he ganado.

Pero no me quejo, a mis tantos años
y menos siendo mañana aniversario de la caída
de un ánimo que duró un par de lustros, o menos, no lo sé
olvidarlo, quise, para siempre
olvidarlo, con el cambio de casa y a la fuerza
nunca supe dónde.
Los climas dentro, su predicción tan a menudo no atinada.

Me detuve un día frente a un árbol
o sus huesos, mejor.
Impensable un árbol ahí
su esqueleto poblando el baldío
impensable como un círculo finito.
Difícil inventarse un río en aquel lugar
y junto al árbol, más allá, una casa destejada
desde si misma defenestrada
y supe que de ahí alguien huyó
se fue tal vez en paz y para no volver.
De las piedras secas y calientes
como un vaho hace poco prohibido
el sudor que intento imprimir en ellas desaparece
y la arena se pega a mis dedos, manos y debajo de las uñas.

Mar y desierto, mar y desierto, mar y desierto y mar
empiezo a cantar con la boca seca, desierto desierto y mar.
Los ojos, despacio los voy cerrando
míos el desierto dentro y el mar imaginado
(que imagino cuando en el desierto me imagino).
Mar y desierto mar y desierto, la boca más seca
mar y desierto y mar
mar y desierto y mar
dejo descansar la respiración para cesar de imaginar.

Por no abrir la ventana
cuando un sombrero
hecho a un lado
con la mano, cae al suelo
dejándose olvidar
no aviso
permanezco varado
callado.
Alguien, abajo, canta
lejos
entre los ruidos
que son silencio
en la ciudad—
canta
canturrea más
un recuerdo
que una canción.

Córdoba en su isla-nación fue un desafío y no pudo ser.

¿Seguiré hablando del Avi?
Mintió para refugiarse en México
mintió para esconderse donde caen los cortinajes
mintió para descubrir un nuevo muro
a la suma vehemente de latidos
corto circuito, suma nueva siempre.
Lugar de la frontera
del mundo haré una lista
nuestro siglo en orden alfabético
la mirada puesta al norte.

Entre islotes de azogue me observo
aferrado a mis manos para callar
yo que hablo tanto.
Llaman a la puerta
madera dura y gris.
Llaman a la puerta
los nudillos tendrán blancos.
Llaman a la puerta
llaman a la puerta, llaman a la puerta.
Yo que hablo tanto, vienen a contarme los pasos de la libertad
tanta mirada y roces de almidón.
No les creo la libertad de hablar, horizonte falso en un escenario de provincias.
Háblanme de prisiones y cautiverios y muertes
háblenme no de los sometidos
argumento más tarde ya solo
pero sí de los que pudieron ganar y quedaron atrapados en tantos espejos…
Troya y Patroclo; Verdún, Agincourt, los Dorados
y más cerca, fotos de Villa y Zapata en el Palacio Presidencial.

Hablo tanto, la luna de cartón se irá borrando:
y cada turista con gorro más grande que los nuestros
regalará unas moneditas al coro que lo rodea:
(Mexicanos al grito de guerra )
peni para el niño
piña para la niña
y patadas para todos los demás
ya grandecitos para robarnos el pan de cada hora.
Bendícelas, Señor, nuestras balas en la nuca y todas
rogará de noche de rodillas el turista
no nos quiten nuestros puestos de trabajo
y los que no queremos, menos
que para eso tenemos negros
goddamn niggers, quemando sus guetos;
y luego no nos la acabábamos, tampoco la jauría ni la tele
que fomenta palizas desde su autogiro para que así más dure la secuencia.

Y yo sin tele, carajo.
Ya sabemos, CNN a todas horas:
los mirantes, esgarrifats, no les fueran a quemar el decorado…
bah, es cosa de llamar al Mutual of Omaha
los del programa
(mi abuela asustadísima gritaba con las víboras que decía de bebé a su hermano se comieron)
de animales y seguros contra todos pero todos los males
Marlin Perkins al frente con su nombre de pescado hablando
y hablando, su boca cerrada y siempreblanco su pelo.
Yo con el Avi, no English spoken here por entonces
cuando las tiras de una risa invitaban a mirar
mirando azorados, domingo a domingo
esperando a Súlivan, su favorito.

Espero, piedras en la mano, a que la luna salga.
“Dígame, ¿no le duelen las manos de tanto decir lo mismo?”
el taxidermista, “¿o se atreve a bailar con la fea para ver qué se siente?
No hay pantalones para hombres así”
lo dice apurando el negocio, destasando perros.
“Al despertar sin humo, se me antojó mover los colores del escarnio”
rápida visita al taxidermista que dentro llevamos todos
campanillas filosas anuncian al cliente o la entrada de alguien
moscas enceradas que se ahogan
pájaros que en otra vida fueron pájaros;
llovía creo;
y me sorprendieron los pequeños ataudes llenos de basura
desbordados en la velocidad del pasado.
Pero quiere otros recuerdos el taxidermista.
Se le acaba el placer, apurando las aguas rotas de una idea
en verme decir que me canso.
“Tu dolor ajeno,” dice, “aroma de visitar sonrisas al enfermo
hudiéndole el viento y la vida en las uñas,”
yo sonrío sin remedio la otra cara:
“no me ves porque tapé el espejo.”
“Sé que crees en las calles,” habla otra vez
“florece tu creencia en secreto
por las grietas de las aceras y el pavimento roto.
Sabes cierto cómo la noche esconde su fruto lejos del ruido
cuando tus pasos marcan el ritmo de tus ideas
y enciendes un cigarro para guardar tu soledad de quien pase por tu lado.”

“Vinimos del invierno”—explico—
“ y los paisajes cortos.
Fuimos al desierto y me perdí por las ciudades
la estrechez de las ciudades planas
mientras en sus calles de sospecha sospechaba estar yo
reflejado sin mirarme.”

“Es una extraña epistemología
la del silencio en calles de semana
calles en que la duda hace la ronda
y le pides las llaves anacrónicamente para entrar
en el espacio iluminado cada quince metros más o menos.
Tan vitoreada la noche, hoy que lenta se va extinguiendo
sin ayudarte a saber nada.”