Sitcom


Había que dejar dormir a los mendigos
en la puerta del teatro y no pudimos entrar.
La licitación de otra lucidez
nos esperaba en casa, un poco
a regañadientes, colaboracionista
con una mochila que parecía arrastrada
por todos los charcos y alguna conversación
alguna incluso ilegal. Otro prejuicio
abandonó la cercanía que tanto amábamos
dejándonos quietos, leyendo la pantalla.
La sospecha bajaría los días siguientes
cuando el concurso al que nos presentábamos
se condujera entre lo que pensábamos hacer
y lo que pensábamos hasta entonces.
La liebre contrató a la tortuga.
No sé qué problema hubo con la facturación.
Todo es víctima de otro atentado, nos cuentan.
Así es como elegir se convirtió
en la gruta nueva que ahora hay que pintar
con lanzas y bisontes en las paredes.
El tiempo se ha vuelto exclusivo.