La solución


Se desploma un lingote.
El robot en piezas
yace en su caja y su candombe;
en su yogur, en su inexpresividad
aleatoria y renovable.
Se alcanza a ver a una señora
con gesto mussolini por teléfono.
La canción todavía nos necesita.
Sin saber más quién pidió el combo
existencialista, ni quién ha venido
en los últimos meses
a rechazarnos, hay algo ahí
con esa presencia que funciona.
Por ahora, nadie se canta solo;
y menos cuesta arriba con su idioma
híbrido, propiedad de otro intento.
Eso especulábamos la otra mañana
con el panchero.
De vuelta es el mes de la limpieza.
Nuestro honor se resiente.
La salamandra no ha vuelto.
Le rechinan los dientes al espectáculo
al mediodía, y seguimos en el banco
esperando a que el parque cierre:
esa es la ventaja de la luna nueva.