Lo que toca explorar


El otro día fui al consulado a renovar el pasaporte. Contra lo que me esperaba, fue un trámite indoloro, rápido. Pero pasó algo que me llamó la atención. Al principio, la persona que me atendió no me trató demasiado bien, se impacientaba a cada momento, se enojó cuando le dije que no tenía las fotos. Fui a hacérmelas en un sitio a pocos metros del consulado. Cuando volví, la persona de la ventanilla había cambiado su tono para conmigo. Algo había pasado en el interín: había leído los documentos que le había dejado. Creo que ahí lo único más o menos fuera de lo común era mi profesión: poeta. ¿Me habrá tratado mejor por eso?

Cuando salí del consulado, venía pensando en esto. Antes, en ese tipo de formularios, ponía que era escritor. ¿Falsa modestia? En realidad, no soy escritor, soy poeta. La diferencia entre uno y otro es abismal.

Hay dos tipos de escritores: los analistas y los narradores. Los analistas escriben ensayos, textos académicos, informes, manuales y otras prosas que describen o examinan una situación u objeto. Los narradores escriben novelas, cuentos, guiones de cine y televisión, a veces teatro, también software—los principales formatos narrativos en nuestra cultura.

Para los escritores el lenguaje es una herramienta que sirve para producir otra cosa, como la cámara en el cine. Son artesanos. Sólo cuando sus obras abordan problemas cercanos a los de la poesía los llamamos artistas.

Para el poeta, el lenguaje puede ser una herramienta, pero su trabajo consiste en problematizar las herramientas que utilizamos para abordar la realidad. El poeta es un artista. La diferencia entre artista y artesano es precisamente esta de la problematización de los medios que utilizamos para tratar la realidad. El artista cuestiona.

El poeta problematiza el lenguaje. Busca sus límites, los explora. Llega a ellos como desde afuera. El escritor es un nativo de la lengua, el poeta es un extranjero en su propia lengua, como también lo puede ser el tipo de escritor que marcamos como artista.

(Algunos escritores de software han querido compararse con los artistas. Me parece que tienen razón en hacerlo, si su trabajo consiste en cuestionar nuestra relación con lo que nos rodea. Pero serán artistas de verdad cuando empiecen a cuestionar la idea de software, de código, y hasta de computadora y computación que son sus medios.)

El poeta debe abarcar el lenguaje más allá y más acá de la escritura. Debe utilizar todos los medios a su alcance, para problematizar el lenguaje, claro, pero también el medio que se está utilizando. Puede utilizar, por ejemplo, el habla, la música, el ruido y la canción; el video y el audio; la performance; la instalación; la muestra de artes visuales; el libro y la revista (en papel y electrónicos); los distintos medios que ofrece internet (blogs, twitter, facebook, youtube, mail): todo lo que tenga a mano y de una forma u otra constituya lenguaje o un vehículo para el lenguaje.