Land Art y otros animales preferidos


Leonello Zambon y yo conformamos el equipo COZA, una forma de mantenernos en conversación constante y un espacio en el que podemos construir juntos, aunque cada uno tenga su propia obra. Nuestros intereses artísticos y nuestras formas de trabajar recorren territorios distintos, pero colindantes, es este espacio fronterizo el que llamamos COZA.
Lo que sigue es un intercambio de mails, estando Zambon en Montevideo y Colom en Buenos Aires.

LZ: Desde el balcón de acá se ve esto:

Alta coreografía de máquinas, humanos, madera, metal, hormigón. Todo lo que apuntala y hace posible la construcción es a su vez un conglomerado de arquitecturas anexactas, construidas a través de aproximaciones, tanteos, montajes de materiales extraños entre si, violencias sobre el territorio, marcas y mediciones. La colisión entre la idea y el terreno es en este caso extremadamente violenta. Creo que no me había dado cuenta que los edificios comienzan como ruina. No es que acaban allí. Mas bien, luego de su vida útil, retornan a un estado inicial como ruina. Excavación arqueológica para encontrar un monumento (o construirlo, da igual). Me alucina como luego la arquitectura intenta eliminar toda esta violencia territorial con la idea de confort, sus cristales, su acero inoxidable. Queda algo tal vez de este apuntalamiento previo a la construcción, de esta pre-ruina guiada por lo anexacto, una vez erigido el monumento, en la posibilidad de uso; al menos cuando el uso se desborda. Cuando el contenedor no responde bien y es superado, puesto a prueba por el uso, por las economías, por los flujos: un cine que se convierte en santuario, en teatro de la fe, o en outlet de ropa barata, por ejemplo. Los puristas me odiarán, pero creo que este retorno a lo anexacto desde el uso, esta flagelación de lo monumental de la arquitectura cuando es desbordada por el uso, es, simplemente, la verdad. Después de todo, no hay nada que perder, la ruina ya estaba ahí desde el principio.

RC: En BAIPEX, hace días, puse una foto que saqué desde el tren, donde se ve un camión en un territorio que están abriendo o parcelando para hacer no sé qué:

Estaba pensando, medio en la vena de Alberto Méndez, que toda nuestra relación con el territorio se puede incluir en la categoría “Land Art”. En otras palabras, ¿por qué es artístico cavar una zanja en espiral y no parcelar un terreno y construir en él un barrio cerrado? ¿Cómo se ve desde un avión? ¿La artisticidad está ya sólo en la intención? Qué pobreza, ¿no?
¿O es el uso, el hecho de que tenga un uso, lo que descalifica una obra de la categoría “Arte”? Creo que el arte de los últimos 25 años ha derrotado esa noción. Si no, ¿qué habría que pensar de las obras de Hirschhorn o de Zittel, por ejemplo?

Tengo la sensación de que el Land Art busca una relación personal con el territorio, y ofrecer esa relación a otros. Pero el barrio construido también hace eso, aunque la reflexión surgida de esa relación personal no sea tan “alta” o “espiritual” y no quede libre del ánimo de lucro.

LZ: Esta zanja está justo delante de la escuela de bellas artes. El otro día estuvimos allí porque Eugenia y Agustina daban una charla sobre el MACMO.

Afuera estaba esta intervención de los empleados municipales siguiendo algún plan de saneamiento y tendido de cañerías. Adentro un montón de artesanos intentando aprender a pintar. Cuadros definitivamente malos invadiendo los pasillos. Estoy de acuerdo con que hay que superar la idea de intención como única posibilidad, lo demencial es que aún hay resistencias, incluso para operatorias que llevan un siglo legitimándose y volviéndose burocráticas…y adentro de la escuela ni siquiera uno de los que nos cruzamos había visto lo que tenían en la puerta, frente a sus ojos.

Si les decís que la intervención es de Santiago Sierra, que les pagó a unos inmigrantes ilegales para que levanten los granitos del piso y los den vuelta, ahí si se volvería visible? Incluso tal vez se impondría alguna polémica medio berreta sobre ética y estética ¿Cual es la diferencia que lo haya hecho tal o cual? Me imagino que la verdadera diferencia es poder atravesar lo real con algún relato, algún tipo de montaje poético, de reflexión filosófica o al menos de pura desestabilización de lo familiar (¿unheimlich sería?), de puro impacto estético para volver a afectar a su vez lo real y así una y otra vez esta ida y vuelta; esta posibilidad excede las intenciones del artista, excede a la figura misma del artista (y no quiero decir que el arte se desvanezca en lo social o algo así, supongo que sigo defendiendo la autonomía del arte, como insiste Hirschhorn). Pero parece que, como cuerpo social, vamos todos de la mano cual zombies post hippies, esperando que nos cuenten de que va la cosa.

RC: La autonomía del arte, la que defiende Hirschhorn, la que defiendes tú, es la libertad del individuo para afectar a su entorno, a su sociedad. Así, la autonomía del arte, que en principio fue una defensa elitista y romántica del individuo, hoy es democrática, en el sentido de que defender esa autonomía es defender la voz del individuo, frente a las corporaciones, las grandes empresas y las instituciones. La democracia se basa en el individuo: una persona, un voto. Pero esa persona puede tener una voz que diga algo importante, algo que valga la pena oír. En el pasado esto se limitaba a través de los medios, que pertenecían a empresas privadas o a estados, y que seleccionaban lo que se podía decir. Hoy, con internet, eso se ha vuelto más difícil.
Una idea que me interesa es: ¿cómo sacar esa libertad de la red a la calle? Por un lado están las protestas tipo Primavera Árabe, pero ¿qué hacemos con otro tipo de discursos?
El artista es alguien que da la cara, pone el cuerpo y la autoestima, como individuo, para decir cosas que no se están diciendo, para afectar a otros de otra manera. Para dejar ver la ciudad o el territorio desde otra perspectiva.
Nota mi vaguedad en cuanto a qué tipo de perspectiva, en cuanto al contenido y también la forma de este discurso del artista. Es porque no tengo manera de predecir qué otras miradas sbre el mundo existirán, qué artista o qué obra nos sorprenderán en un futuro cercano.
Viéndolo así, va quedando claro que el trabajo del artista tiene mucho que ver con la sorpresa. Una forma de leer lo que me cuentas es que ahí adentro, en la escuela no saben sorprender, y lo que es bastante peor, han perdido la capacidad de sorprenderse.
Es esta capacidad lo que te lleva a entender esas baldosas levantadas como arte. Como se da esa sorpresa, punto esencial del arte, la intención no importa.