Síndrome de museo




Esta mañana, Marcos Taracido publicó en Libro de Notas un enlace a una entrevista con Alfred Pacquement, director del Centro Pompidou, de París. A Marcos le extraña que se hable de todo menos de arte. A mí no tanto, al fin y al cabo, Pacquement es un super burócrata a cargo de un museo y de lo que hablará es de los asuntos generales del museo: la política de exposiciones, los intercambios, la internacionalización y la financiación.
Lo que a mí me llama la atención es que, aunque se menciona la categoría de arte contemporáneo en la entrevista, la actitud y las estrategias vienen más del mundo moderno y de su concepción del arte. Por ejemplo, dice que como hay un boom en el mercado actual, el museo tiene que recurrir a mecenas para poder conseguir las piezas que quiere añadir a su colección. Esto indica que primordialmente compran la obra de artistas consagrados, los que ya han pasado por el filtro de los coleccionistas y de otros museos. ¡Así cualquiera se queda sin dinero!
Pero no se ve una estrategia de adquisición de obras de artistas que no se sabe si llegarán a ser importantes. El compromiso es con el pasado reciente, no con el futuro. Y esto es la situación en la mayoría de los museos dedicados al arte de nuestro tiempo. Podríamos llamarlo el síndrome del museo: la institución no se arriesga a crear el futuro; lo suyo es ir coleccionando y documentando lo que ya está claro. Por otro lado, es así, también, como cumple con su función didáctica.
En este sentido, me parece más efectiva la labor de algunos Centros de Arte Contemporáneo, que muestran el trabajo de artistas activos que quizá no estén híperconsagrados, pero que se involucran íntimamente en la producción de sentido en las mismísimas trincheras de la cultura.