Pintura y mirada


Navegando esta mañana, encontré un blog sobre nuevas experiencias artísticas llamado Woki-toki. En él había un artículo titulado Censura que me llamó la atención principalmente por los comentarios que los lectores habían puesto y que denotaban una visión tradicionalista del arte. Pero no quiero que decir que una visión es tradicionalista se interprete como un insulto o una descalificación. Yo soy bastante tradicionalista en mis gustos. Sin embargo, estar en contacto con la tradición no implica cerrar los ojos a lo nuevo, o a lo reciente. Lo que hay que intentar, creo yo, es averiguar cómo encaja una obra en lo que nos concierne, en lo que nos preocupa: en cómo interpretamos el mundo.

Los juicios que aparecían en los comentarios me parecían prematuros. No se trata de si es buena o mala la obra; o no todavía. O de si es arte o no lo es. Los comentarios indican una respuesta negativa, que apunta a una búsqueda del arte a través de lo visual, no de lo filosófico. ¿Pero qué hacemos, después de Warhol, después de que el Pop nos mostrara que el lugar del arte, de donde viene y a donde va, es otro? Incluso, podríamos decir que ese lugar siempre ha sido otro.

Ahora, yo diré que lo que a mí más me interesa, lo que me mantiene interesado en el arte, es la pintura. Pero el siglo XX nos ha demostrado que hay muchas formas de hacer pintura. Preferir una u otra no es una cuestión privada; los gustos no lo son nunca, lo privado es público y lo público es privado: todo es social, todo es político.

Lo que me concierne aquí es la cuestión planteada por Barry Schwabsky y que ya comenté antes en otro post: aceptar “el don de apertura del arte y la invitación de la pintura a la experiencia directa”. En otras palabras el trabajo de la pintura es enseñarnos a mirar, mostrarnos las múltiples formas que los humanos tenemos de apreciar y conceptualizar e interpretar lo que nos rodea, lo que nos ocurre, dentro y fuera. Así que para diferenciar una obra mala de otra buena yo tengo un pequeño método: me pregunto cómo me enseña esa obra a mirar, qué nueva información me aporta, cómo comenta o discute o pone en duda o confirma la información que ya tengo. Esa es la labor de la pintura, creo yo. O para ser más abiertos, debería decir que es la labor de lo pictórico.

A partir de ahí si el pintor utiliza óleo, lápiz, fragmentos de objetos encontrados, si introduce elementos en tercera dimensión, collages, fotografías, vídeo, o si escribe un libro: eso ya me importa menos. Lo que me interesa es esa aportación a la mirada y al pensamiento que la convierte en algo humano, que necesariamente ha de ser social.

2 Comentarios para Pintura y mirada

  1. Lorena escribió:

    Hola Roger. Es verdad lo que decis de los comentarios del post de woki toki. Las discusiones en términos morales de lo que es y no es arte no hacen mas que dejar en evidencia el conflicto político en materia cultural, artística que está atravesando la ciudad de Rosario.

    Abrazo.

  2. Roger Colom escribió:

    Sí, esas discusiones (o conflictos) son importantes porque marcan caminos: en lo social, en lo económico, en lo tecnológico…
    Y casi podríamos decir que una ciudad que se niega a entrar en el terreno de lo conceptual (y el arte contemporáneo es un buen ejemplo de eso) está condenada al atraso: en el arte contemporáneo se discuten formas y contenidos que nos afectan a todos en todos los aspectos de nuestra vida, tanto la pública como la privada.
    El arte de hoy está funcionando en los territorios de la filosofía, de la tecnología, de la ciencia, del comercio: abarca muchísimo terreno, y negarlo es equivalente a no querer moverse, no querer ir hacia otra clase de futuro.

    abrazos