Fiebre


Texto de Leonello Zambón para la muestra de la BiPA

Sostengo ahora entre mis dedos EL LIBRO DEL SILENCIO (Con algunos agujeros y rasgaduras). Me lo ofreciste, como ofrenda y herramienta, poco antes que cruzara el río sin orillas. Vas a necesitar tomar notas. Sin embargo me gusta su silencio. No he tomado notas en él. Tacto Silencioso. Agujeros y rasgaduras. Y el plástico con globitos en el interior de las tapas. Me gusta saberlo un lugar. Un lugar adentro de otro. Replegado sobre sí. Y a la vez abierto. Rasgado. Una celda a cada lado del río, en donde recluirse y a la vez explotar hacia el mundo. En eso creo que estamos los dos, no?… Caminando sin parar, como Thoreau. Pero en un Walden de hormigones y mugres, de reflujos imparables y sus reglas mutantes de intercambio. Caminar desde Constitución a Parque Patricios: el Paraíso para la complicidad de nuestras sinapsis. Todo transformado en trabajo. Hay que incluirlo todo. Sexo y trabajo. Los dos lugares posibles. Habitables. El lugar importa. Sí. Porque desde ahí se proyectan los contagios: virus reconfigurantes de nuestro sistema operativo. Somos hackeados por el lugar. Contaminados. Y no podemos pedir, desear, más que el contagio. Todo lo que sucede debe ser incluido, a cualquier precio, en el trabajo que uno está haciendo. Desde esta máxima Benjaminiana, que decidimos convertir en moneda corriente, en el primer café de la mañana, se habita este REGISTRO infinito de las fiebres y los contagios. Una apología irrefrenable al hermoso y valiente vértigo de dejarse recorrer por las fiebres del lugar.

Celda Nº8 EAC, Montevideo/Viernes 13 de septiembre de 2013