Pantum del Abasto


No tengo sistema, disculpáme.
Y así con toda nueva consigna, todo nuevo principio
y nuevo final. Pero cabe estar al tanto
de otros eclipses, canciones o alegrías.

Y así con toda nueva consigna y nuevo principio
de subterfugio, el de los amigos que uno conserva
de otros eclipses, canciones y alegrías
que van elaborando, racionando, dejando llenos de mugre

los subterfugios, los amigos que uno conserva
en el mercado negro, las fracturas que el tiempo
va elaborando, racionando, dejando llenas de mugre
en la cabina donde por fin hemos podido escondernos.

En el mercado negro, entre fracturas que el tiempo
devuelve en un par de horas, digo que voy al shopping
o a la cabina donde por fin hemos podido escondernos
para confirmar que nadie ha vuelto.

De vuelta en un par de horas, digo que he ido al shopping.
Se llenan de hormigas aquellas torres en verano
para confirmar que nadie ha vuelto
con la envidia a la vista y flores, siempre flores

que llenan de hormigas las torres de verano—
jardines vallados, la piscina olvidada
con la envidia a la vista y flores, siempre flores
mientras alrededor prolifera el porno.

Jardines vallados, la piscina olvidada;
Buenos Aires como la suma de sus telos
mientras alrededor prolifera el porno
y después, no hay manera de forrarse los botones.

Buenos Aires como la suma de sus telos:
hay que tomar lo que sirven aquí
o después no habrá manera de forrarse los botones
bajo luces de otro siglo, dejando que el planeta

deje de tomar lo que sirven aquí;
luego encerrarse en la casa de toda la risa
bajo luces de otro siglo, dejando que el planeta
marque la pauta de su nuevo signo.

Para encerrarse en la casa de toda la risa
y su nuevo final, cabe estar al tanto—
marcar la pauta de su nuevo signo:
Disculpáme, no tengo sistema.