Parque Patricios


El aire llega más frío de este lado
ahora que la batalla está ganada
y la otra opción es volver a empezar.
Me gustan los árboles desnudos y el interior
de las fábricas cuando está limpio
y nadie fabrica ya nada.
Del paso del tiempo sólo queda el cascarón:
fábrica abandonada, crisálida.
A esa quietud me refiero, aunque
no busco la quietud, al contrario:
te busco a ti un día tras otro.

Te busco en las calles, en las sombras
y donde no hay sombra, en otra manera
de respirar. Buscarte en mí, buscar
lo que de ti ha sobrevivido en mí
todo este tiempo, me ha desperdigado:
me ha esparcido como ceniza por la tierra
y el aire—por no hablar del mar.
Me ha sacado de las fábricas vacías y
de las calles que se habían vuelto idénticas
a mí para dejarme en ese afuera
que se extiende y dura siempre más;
o para echarme, siento a veces, al fuego
de un día en el que no quedan ya
interiores.

Y te lo agradezco. Te lo agradezco a ti
y a eso que en mí no has abandonado
en todo este tiempo de agua corriente
y sangre secreta: la idea, la magra
posibilidad, de volver a encontrarte.