Color, aquí, ahora

Valeria Traversa
Línea de flotación
Museo Casa de Yrurtia
Hasta el 5 de enero de 2013

La muestra es pequeña; apenas cubre las dos paredes del zaguán que conduce al patio de la vieja casona del escultor Yrurtia, en Belgrano. Y al parecer, también es simple: unas manchas de color de un lado, unas rayas de color del otro. Los colores son vivos, vibrantes, con esa transparencia que es una de las felicidades que traen a la vida las acuarelas.

Las manchas de color parecen flotar encima de unos dibujos más bien geométricos, o restos de figuras geométricas, hechos casi con regla, con moldes. Todos los planes que vamos haciendo, todos los cálculos, todas las certezas, se van descolocando. No se descomponen, quedan por ahí, por debajo, como recuerdos, como caminos neuronales marcados por la costumbre. Pero el agua, el color, una inundación breve y festiva de manchas, les ha pasado por encima. Hay una alegría aquí: hemos vivido, seguimos viviendo: lo preestablecido, lo acordado con anterioridad, lo formal, lo legal, el GPS de nuestras vidas diarias, se irán borrando. Queda el momento, y el momento se compone de estos colores, estas aguas, estos aires festivos, esta danza que no tiene un más allá. Estamos en el aquí y ahora.

Enfrente, las mismas acuarelas, los mismos colores, igual de festivos, pero en rayas verticales, una junto a la otra, un papel de rayas junto a otro, por encima o por debajo de otro. Cuando veo rayas verticales, pienso en la cárcel, o en algunas camisas que uso, aunque no me gusten. Sin embargo, los colores que ha elegido Valeria, el orden en el que aparecen, a veces incluso sin un orden cromático estricto, más como alineados caprichosamente, me devuelven a la alegría de la que hablaba antes. Aquí no hay resaca, ni de la danza, ni del momento anterior. Hay continuidad bajo un orden distinto. Como si la felicidad de aquella fiesta se hubiera vuelto alegría al recordarla. ¿Hace falta añadir que el recuerdo tiende a lo selectivo, al orden, a querer establecer una linealidad, una causalidad?

Debo decir que esta pequeña muestra me sorprendió. Siempre me han gustado los dibujos de Valeria. Recuerdo otros más dramáticos, siempre abstractos, pero con líneas cortadas, zigzaguantes, en todas direcciones. Aquí hay otra cosa, una calma alegre, quizá. Y lo que me llamó la atención fue el uso del color; y si no es el uso, es el dejarse llevar por esos colores, como por la dicha infantil (que aún siento) ante una caja de lápices de colores. No estaba yo muy de buen humor el domingo por la tarde, cuando fui a la inauguración, pero me dejé llevar por esos colores: dejé que me elevaran en su principio del verano, en su final del verano.