El escondite


Algo desaparece.
Parece mejor sentirlo así que caminar
hasta la esquina sin ayuda o sin errores
o hablando sin parar o lo que sea.
Prefiero verlo de lejos
y enterarme de oídas, soñando
con lo que tiene de subterráneo un río.
Después, el día termina sin saberlo.
Se desiste de los extremos;
cada quien mastica a su manera
y escupe al río por debajo.
El oro de aquí no tiene retorno, se gasta
siempre y para siempre todo, entero.

La mezcla de vistas y horizontes
implica un cambio súbito
en lo que hay que saber. Hábitos
y desayunos de trabajo se suceden
e intercambian.
Podría estar dulce este café.
Aquel morado al amanecer
de las montañas quiere ser perpetuo.
Llega un ruido más alegre.
El frío que aniquila huye
con sólo mirarlo de frente, con sólo
entrar en él sin mirar.