Desastre para 6/4/12


Varios móviles quedan por sonar.

Su latido triple (de móviles que no suenan, móviles que deberían sonar y sonar ya) los encierra en un tiempo transparente, sin umbrales.

Luego uno de nosotros barrerá las migajas ya secas de sangre que brota al romper ese tiempo y cortarse con uno de sus filos.

¿Queda metralla de la última explosión de ternura?

Falta mucho para esa libertad, ese ruido infinito a cada paso, cada quien dedicado a una vibración distinta.

El menor gesto envía abismo y altura a la vez; exige concesiones, privilegios en texturas y colores que no se han inventado aún.

Pero esto es reversible, sólo tenemos que hablar de cosas parecidas y las montañas que las protegen.

La chica de la mirada nos trae los cafés y un coñac para compartir el frío.

Habría que lavar los pocos objetos preciados en el reflejo que pueda eximirnos.

Un muro de tráfico nos permite y obliga a permanecer en este bar; no caerá pronto.