Silencio y vida teórica


Hoy es lunes. Ayer no dije una sola palabra en voz alta. No vi a nadie, no hablé con nadie. Sí que envié un par de mails y algunas otras notas electrónicas, pero nada más.
Por la noche, estaba leyendo tumbado en la cama, y me di cuenta de que no había hablado en todo el día. Miré a mi alrededor, a la habitación, los libros, la pared encima de una de las mesas de trabajo, a todos los papeles, poemas e imágenes que tengo ahí pegadas, y pensé: ¡qué bien se está aquí! Me acordé de un viaje que hice una vez a una ciudad de las consideradas bellas e interesantes, en el que salí poco del hotel, principalmente para comer o para ir a alguna librería. Me quedé en la habitación leyendo, escribiendo: pensando. Esa sensación de ser extranjero en todas partes a menudo me lleva a esta clase de recogimiento: el viaje, el nomadismo, va por dentro.
Esta mañana, como hago de vez en cuando, me puse a explorar los estantes para ver si encontraba algún libro olvidado que me llamara la atención. Salió uno de Pessoa: Escritos autobiográficos, automáticos y de reflexión personal (Emecé). En él encontré lo siguiente:

Entre la vida teórica y la vida práctica hay un abismo, sobre el que algunos, más individuales, no-sociales, son puente. Manda quien quiere, siervo de pensamientos dispersos, anónimos, que por tales no son pensamientos.
Dejemos la acción a aquellos que piensan por cabeza ajena, pues existen sólo para actuar. Recojámonos al juego alado, fútil incluso, de las teorías, desilusionados de cualquier posibilidad de que podamos actuar sobre los otros, de que seamos más en la vida que forasteros.
Desdeñadores de todos los ideales, sobre todo de los que buscan la felicidad en la tierra para los otros—pues la felicidad no puede ser un ideal sino para nosotros—viviremos apartados, como los otros iniciados, los del alma (más allá de la inteligencia), que nada, tampoco, quieren esperar de la vida. Así el ironista seguirá a la par del adepto, entre las ruinas del Templo de Salomón, y por aquel llano próximo donde, un tiempo, el Maestro estuvo sepultado.