Constitución


Sólo tengo un secreto, aunque ya no sirve para nada.
Ni el secreto, ni tenerlo.
Otra cosa que no le digo a nadie es que ya no me gusta escribir.
A veces tengo la sensación de que ya no queda nadie
a quien escribir; y si quedara, tampoco tendría gran cosa
que decir. Por eso me quedo aquí, donde estoy
en Buenos Aires, en enero, con la ciudad medio vacía
y viviendo en un silencio casi incesante; y es que no sabría
tampoco a donde ir.

Estoy comiendo más ahora que ya no fumo.
Y bebo demasiado café; tanto que por la noche no duermo
y durante el día tengo sueño, por lo que bebo más café
y así en círculos hasta que me alcance a mí mismo.
Anoche, por ejemplo, me desperté varias veces
con la palabra NO, que incluso dije en voz alta
como si quisiera salir de un susto dentro del sueño.
Soñaba con una mujer a la que quería amar
y a la vez no quería.

Así me pasa con esto de escribir. Diga lo que diga
ya no es más que información o ruido, blanco o negro
uno y cero, on/off: algo y nada. Cualquier algo
y cualquier nada. Siento que uno debe convencerse
de que ha muerto, y seguir adelante ya sólo
como información—aunque sea como duda
como espejo borroso, como un remolino más
perdido en la turbulencia secreta
de las horas y los días.

2 Comentarios para Constitución

  1. Fernando escribió:

    Si que merece la pena seguir escribiendo, tienes cosas que decir. Quedamos, los que necesitamos que escribas.

  2. Roger escribió:

    Bueno, está la gran máxima de Beckett: I can’t go on, I’ll go on: No puedo seguir, seguiré.

    Siempre me encuentro con la imposibilidad de escribir. Está en el principio de cada poema. Pero en el último año ha sido más difícil. Seguiré escribiendo, supongo, mientras siga escribiendo.

    (Ya sabes que no me callo nunca)

    Un abrazo fuerte
    rc