La última semana


Y es que no paro. Después de la inauguración de Los Hoteles de la Imaginación (me han dicho que en el MuVIM no se podía entrar este fin de semana, de la gente que había), estuve unos días en Cataluña para ver a la familia, volví a Valencia, me ocupé con un montón de trámites y ahora, este fin de semana, me voy a ARCO.

Entremedio, he hablado con cierta profundidad con Rubén Verdú acerca de proyectos pasados y futuros, viendo si llegamos a un punto de encuentro para volver a colaborar: los artistas visuales y a los poetas siempre nos ha gustado trabajar juntos. Me da la impresión de que intentamos hacer lo mismo por distintos medios.

En un post anterior, hablaba de la rapidez de publicación que aportan los blogs y cómo esa rapidez no siempre es buena para el poema. Ahora lo que me pasa es que no tengo tiempo para escribir. El cuaderno se me llena de notas y versos sueltos; ideas que probablemente nunca llegaré a usar.

En un intercambio de correos electrónicos, discutíamos Daniel Bellón y yo sobre la sequía creativa. No es algo por lo que agobiarse, claro. Muchas veces lo que el cuerpo pide no expresión sino absorción del mundo, de la vida, del arte, de la escritura de otros.

De todas maneras, con la cantidad de trabajo que tengo, siento como que voy a toda velocidad en una bici estática, el gimnasio lleno de gente que me reclama atención, que me pregunta, que me invita, que incluso sugiere que saque la bici a la calle y trate de llegar a alguna parte.

Ah, y otra cosa, que no sé si es casualidad o no: he notado que la gente que más me pide es precisamente la misma que nunca lee este blog. Así que mi queja recaerá, involuntariamente, sobre la gente que más me ayuda. Espero que esas personas no se den por aludidas.

Por último, aviso que los poemas que irán apareciendo en adelante no son recientes. Pertenecen a mi última colección, que casi nadie ha visto y que no he tenido tiempo para mover por las editoriales.