Chocolatería peronista


Fabiana Di Luca se ha impuesto la noble tarea de inducirnos, siempre suavemente, a comernos a los ídolos y los símbolos. Lo mejor de esta especie de canibalismo en efigie es que invita incluso a los rivales, adversarios y enemigos políticos del peronismo a comerse al peronismo: ya sea para cobrar de ahí fuerzas o para hacerlo desaparecer. Esta universalidad, ¿no es también una de las señas de identidad del peronismo?

Los argentinos dicen que el peronismo es incomprensible para los extranjeros. Yo diría que es al contrario: los extranjeros lo entendemos como una manera de ser de los argentinos, así se ve desde fuera estando dentro, mientras que a ellos les cuesta mucho más mirarse al espejo. A veces pienso que cuando los argentinos celebran el peronismo en toda su complejidad, es que se celebran a sí mismos en todas sus contradicciones. Desconfío siempre del que no es contradictorio, sea persona, empresa o país. Y es porque la realidad es compleja, varia, difícil; y a veces resulta que la única forma de atravesar algunos de sus momentos es manteniendo dos actitudes, opiniones, ideas contradictorias de manera simultánea: manteniendo su verdad, la de cada una alternativamente, la de ambas a la vez, como si la vida nos fuera en ello.

Y es que sí, la vida nos va en cómo nos vemos, en cómo la vemos. Y, por supuesto, en qué comemos.

Hay un blog al respecto: LA FÁBRICA-CHOCOLATES PERONISTAS