De burbujas y redes

Sobre la política cultural de España en América

No es que haya nada nuevo en la información que ha salido últimamente gracias a wikileaks. Estados Unidos presiona, amenaza, discute con amigos y enemigos: la diplomacia de siempre. Friedman, del New York Times, la pérdida del poder geopolítico de EEUU con su dependencia del petróleo del Medio Oriente y el crédito de China: una diplomacia de la escasez debida a la falta de ganas de crear una abundancia que resulta perfectamente factible. En términos energéticos, hay muchas cosas que se pueden hacer para evitar el petróleo; en cuanto a las grandes reservas de dólares que China mantiene, quizá se pueda hacer menos, pero sí que se puede invertir en investigación, en nuevas ideas que procuren otro tipo de entrada y reduzcan la deuda exterior. Se trata de cambiar fundamentalmente de una mentalidad de la escasez a otra de la abundancia. Habrá caído el muro hace más de 20 años, pero EEUU no parece haber aprendido nada.

Cambio un poco el ángulo, el punto de vista. España está metida en una crisis enorme precisamente porque no quisimos aprender: si en lugar de inflar la burbuja inmobiliaria se hubiera invertido de manera agresiva en industrias del conocimiento y en otras energías, como muchos estuvimos pidiendo durante años, esta crisis no hubiera sido tan profunda ni tan dura para tanta gente. Ahora, mucha gente joven con los conocimientos para trabajar en esas industrias emigra; el dinero invertido en educación beneficiará a otros países; España seguirá padeciendo un déficit de ideas, de empresas, de empleo.

Otro cambio de ángulo. En los años que llevo en Buenos Aires he sido testigo de la arrogancia de la diplomacia española, sobre todo en términos culturales… arrogancia basada en el dinero que fluía de la burbuja a los proyectos artísticos promovidos por la embajada y el Centro Cultural de España. Los argentinos, cortos de dinero, se quejaban del imperialismo español a la vez que iban a pedir subvenciones para sus trabajos artísticos. El imperialismo venía de poder decir qué se hacía y qué no porque nosotros poníamos la pasta. La actitud era esta: “No nos gusta como nos hablan, pero si tienen guita, que la suelten.” Ahora ya no hay guita, y eso significa una pérdida de influencia en la diplomacia cultural española.

Esto es lo que yo hubiera hecho desde un principio y lo que haría en el futuro. Para los diplomáticos jóvenes, nada de vivir en Recoleta o Palermo. Que se vayan a los barrios de clase media, o a los barrios populares, para que aprendan cómo vive la gente, la mayoría, lo que piensa, cuáles son sus problemas reales. No es suficiente con leer la prensa y armar una vida social entre la gente bien de la ciudad. Así sólo se crea una visión conservadora que no conduce a nada. Incluso, sería bueno que esos jóvenes diplomáticos pasaran bastante tiempo en el conurbano sur, en el oeste.

En cuanto a la cultura, lo mismo: salir a ver qué está pasando, qué hacen los colectivos artísticos en La Plata, qué formas está tomando la cumbia en muchas partes de la metrópoli, o el rock en el conurbano oeste. Nada de eso sale en los medios. Sólo se puede saber si uno va y lo ve por sí mismo. Incluso en términos de arte contemporáneo, mucho más elitista, sería interesante tener más contacto con la gente que lo practica que con las instituciones que lo regulan. Todo eso se puede hacer sólo si estás dentro, no si vienes de fuera, te quedas un ratito y vuelves a tu sociedad segura y tranquila en el norte de la ciudad. O si esperas a que vengan a ofrecerte tal o cual proyecto.

La diplomacia de la escasez, la que niega la realidad local o se basa en la compra de lealtades, no sirve. Hay que crear una diplomacia de la abundancia: qué puedo hacer por ti, trabajemos juntos, cuéntame cómo ves el mundo, tu país, tu cultura, y veré de ayudarte. Luego, cuando yo lo necesite, me ayudarás tú a mí. Luego, claro, existe la posibilidad de que nos nieguen la ayuda cuando la necesitemos, pero ese NO ya lo tenemos de antemano. La idea es crear redes de contactos, de ideas, entre España y América, no relaciones basadas en la fuerza. Descentralizar las relaciones, enredarlas, para que produzcan otra clase de efectos a medio y largo plazo, basados en otro tipo de lealtades, de amistades.

En otras palabras, se trata de producir una diplomacia y una política cultural en red, en redes, no centralizada, no basada en unos intereses particulares, sino en los de muchas personas. Hay que poner el dinero y las ideas en red, para que crezcan y se propaguen y produzcan, no en manos de unos pocos creadores de burbujas, sean estas financieras, inmobiliarias o culturales.