Una movida que no entiendo


Últimamente, me he encontrado con una movida rara, o inesperada, en el mundillo del arte, donde pocas cosas suelen sorprenderme. No sé si es una movida o un movimiento, o qué. Pasó hace unas semanas que recibí un mail en el que se me invitaba a una exposición. Recibo muchas invitaciones de este tipo, estoy en la lista de correo de la mayoría de galerías e instituciones de Buenos Aires. Pero esta venía de una organización que yo desconocía. Bueno, de hecho, no tiene nombre. El mail incluía varias imágenes, la fecha, la hora de la inauguración y decía que tenía que responder para que me dijeran donde sería. En un principio esto me provocó cierto reparo. Luego pensé que habría música en vivo y que por eso lo hacían así. En Buenos Aires, el gobierno de la ciudad se ha dedicado sistemáticamente a cerrar los espacios musicales desde hace unos años, destruyendo de paso una movida cultural que hasta hace poco había sido muy fuerte. Los “inspectores” utilizan a menudo las redes sociales y la publicidad por internet para enterarse de dónde va a haber un concierto. Así que el recurso ha sido escribir o llamar, decir quién eres, y si te conocen, te dan la dirección.

Pensando que sería algo por el estilo, contesté el mail y un par de horas más tarde me llegó otro con una dirección de Constitución, cerca de mi casa. El día señalado, fui. Me extrañó que hubiera poca gente. Me extrañó que no hubiera folletos, catálogo, cualquier cosa que informara sobre la exposición. No había nadie que pudiera decir que había organizado aquello. Sólo estaba una chica joven, en la puerta, con una lista de nombres de los invitados. Delante de mí, para entrar, había tres personas. Dos estaban en la lista, la tercera no. La chica dijo que no podía entrar. Discutieron. La chica se puso muy seria, negándole la entrada a esa persona. Los tres decidieron que no sería para tanto, que no valía la pena ni discutir ni quedarse y se fueron. Yo entré. Adentro había, como dije, poca gente; así me pareció todavía más rara eso de negar la entrada a los que no estuvieran en la lista.

En las inauguraciones suele haber vino, algo para beber, a veces algo para comer. Aquí no había nada. Cero bebida, cero información, cero buen rollo, nadie a quien preguntar. Volví a la puerta con la idea de averiguar de la chica qué era todo aquello. Me dijo, con la cara seria, que era eso: una muestra de arte contemporáneo. Le contesté que eso estaba claro, pero quiénes eran los artistas, o el artista. No lo sabía. Quién era el curador. No lo sabía. Me confesó que la habían contratado para hacer ese trabajo y no le habían contado nada más. No me podía informar.

Entonces decidí hablar con la gente que estaba dentro. Nadie sabía nada. No había ni cartelitos con los títulos de las obras. Tampoco había músicos, ni instrumentos, ni rastro de que pudiera darse un concierto. Dedidí quedarme un rato más para ver si pasaba algo. Como se imaginarán por lo que he dicho hasta ahora, no pasó nada. Al cabo de una hora y cuarto, más o menos, me fui.

Al día siguiente, recibí un mail agradeciéndome la asistencia. Venía con un enlace a una página web que no reproduzco aquí porque ya no existe. Sin embargo, esa página sí que tenía algo de información. Al parecer, esta movida se está dando en todo el mundo. Se trata de artistas que prefieren mantenerse en el anonimato, escapar de las modas, de los nombres, de las ferias y de las bienales. Crean sus obras, las exponen, uno las puede comprar si quiere, pero nunca dicen quién las hizo.

En la muestra, me pareció reconocer trabajos de algún artista conocido en Argentina, pero no me atrevo a decir el nombre. Llamé a uno de los que me pareció reconocer y me dijo que no sabía nada. Me preguntó dónde había sido la muestra, se lo dije, volvió a asegurarme su ignorancia. Tres días después de la inauguración, volví al sitio, llamé a la puerta y me abrió una señora de unos 70 años. Evidentemente, no sabía nada, excepto que unas personas le habían alquilado el departamento durante tres días, le habían pagado muy bien, incluso le habían pagado un hotel en Recoleta por los tres días. Y una tarde en un spa. Le comenté que el departamento estaba vacío cuando yo había estado, excepto por las obras. Ella me dijo que lo había encontrado todo exactamente igual a su vuelta, aunque quizá algunas cosas estaban movidas de sitio, algunos adornos, pero nada raro. Me fui.

Una semana más tarde, recibí otro mail. En este caso la exposición era en Marsella. Ayer recibí otra invitación, esta vez para una muestra en Tokio. En ambos casos, contesté para pedir más información pero no he recibido respuesta. Ahora, antes de escribir esto fui a la página de la que había recibido un enlace después de la primera muestra, pero la página estaba muerta. No sé más.

3 Comentarios para Una movida que no entiendo

  1. racatoncio escribió:

    y qué había dentro? te faltó el final!

  2. Roger escribió:

    No me olvidé. Un misterio es un misterio, ¿no?

  3. julio colantoni escribió:

    La verdad es que si, suena raro , muy raro, que viste dentro? cuantos cuadros, qeu tipo de obras, el montaje? actitud de compradores? locales o extranjeros? EL tema de la utilizacion de departamentos para peueñas ferias improvisadas, se viene dando hace rato, pero esto no lo habia odio.