Olfa Meocorde



En un recital en el que tocan varias bandas, si uno carece de criterio, puede saber que la banda que viene es buena porque se empiezan a juntar las chicas en primera fila. Ahora sigue Olfa Meocorde, hay chicas adelante.

La última vez que los vi, un pogo me agarró por sorpresa y de un empujón salí volando en una dirección mientras que mi cerveza iba en la otra. Caí de espaldas. Uno guarda con orgullo el recuerdo de las heridas de muchos recitales.

Lo primero que llama la atención de Olfa es su poderío, cómo la densidad de su ruido llena la sala de otra manera, como más densa, más esponjosa, sobre todo si empiezan con “Sheila”, un río amplio de canción, larga, en la que los músicos se dejan improvisar y llega cada uno desde su estado de ánimo a encontrarse con los demás. Esto es post-punk, donde la palabra operativa es, precisamente: punk.

Eso significa que, aparte del ruido, de la rabia urbana, hay humor. No hay punk posible sin humor, aunque sea del más cutre, del más infantil, del más cruel. No me gustaría ser objeto de una canción de Olfa. “Pelotudo del rock nacional” debería ser un himno, debería haber gente que agitara banderas cuando suena, esa misma gente debería cagarse de risa cada vez que agita una bandera.

“La-la, la-la (una canción infantil)” es casi un homenaje a los Rolling Stones, a los de los años 60, principios de los 70, cuando eran una banda con cojones. Los rockeros, como los futbolistas, llega un momento en que tienen demasiado dinero y no paran de mirar las listas de los más vendidos. La música se queda sin chicha, y la limonada está mejor en otros puestos, por debajo del nivel del suelo. En la humilde opinión de este cronista, es precisamente cuando el rock deja de ser agresivo que lo empiezan a poner por la radio que da plata. Hace años que se habla de que el rock está muerto, pero la verdad es que está en otra parte, donde no se lo pueda domesticar.

“Así que te vas” es una oda al despecho y al mal rollo post-amor que a mí, cada vez que la escucho, me sienta como un bálsamo. Tomando unas birras con los Olfa una noche, hablando precisamente de esta canción, uno de ellos se levantó para ir a mear y de camino gritó “Viva el resentimiento”. Mi puño izquierdo (el que alzan los anarquistas, informo de pasada) se levantó como por un resorte. Para el mal de amores hay un elixir que surte un efecto curativo maravilloso, la risa, y más si viene como una carcajada enemiga de cualquier buena intención.

Para tocar como los Olfa, hay que creer en lo que uno hace. Que esta banda (y muchas otras muy potentes) esté tocando en locales pequeños y para públicos muy limitados significa una de dos cosas: una suerte (porque se los puede ver de muy cerca) o un fallo del sistema. Por mí, si el pop deja de existir y sólo quedan estas bandas, mira, mucho mejor.

Pude ir a un ensayo Meocorde, donde probaron un par de canciones nuevas. Esto, para un fan es casi (casi, ¿eh?) como encontrarse un billete de cien pesos por la calle. “La cuerda” viene como llena de nudos de rabia entre el bajo y la batería. Es como si se quisiera lo contrario de ahuyentar los fantasmas, como si uno se diera cuenta de que si los fantasmas no lo persiguen, se puede convertir en uno de ellos. “Guerra nuclear” es todo guitarra, se mete en la sangre y le da velocidad. No hay nada como la urgencia.

Esta es una música del centro de las ciudades, con sus psicópatas, sus sirenas que suenan a todas horas, con tráfico de ida y vuelta, la ciudad es tráfico en todos los sentidos. El miedo sólo sirve para quedarse en casa. La crítica social no falta, y claro, como decía arriba, siempre con humor. En “Careta no sos” me encanta este verso de risa y poético a la vez: “prendí una espiral y espanté los mosquitos de tu frustración.”

En Olfa Meocorde predomina un tipo de ruido por debajo del cual fluye música de verdad, especial, potente, que va llenando la sala como una bomba de humo contra las cucarachas. Las letras son espasmódicas y esporádicas, a veces como si alguien hubiera llegado en el último momento con una bolsa de golosinas que tirarle al público. He aquí la letra entera de “El proceso”: “El proceso del cerebro en este juego no es azar. Rio mar!” Nadie recuerda el por qué de las dos últimas palabras.

Bajo, voz: Federico Lavia
Guitarra, voz: Demian Visgarra
Guitarra, arpa de boca: Hernán Cassiodoro
Batería: Cochi Conde

4 Comentarios para Olfa Meocorde

  1. Rodolfo escribió:

    Tampoco son taaaan copados, es una bandita mas… nada mas, no inventaron nada nuevo.

  2. Roger escribió:

    Me gusta mucho eso de “una bandita más”. En los 80, cuando escribía sobre música y otras movidas en fanzines, me tocó ver a muchas banditas, siempre en bares o en locales pequeños. Entre ellas estaban Flipper, Black Flag, Butthole Surfers, Dead Kennedys, Mudhoney, Jane’s Addiction, y ya ni me acuerdo cuántas más. A los Pixies, una bandita que me gustaba mucho por aquella época, los vi en la cafetería de mi universidad… y no se llenó ni la mitad del espacio, en ese entonces no interesaban demasiado.
    El mundo está lleno de banditas por las que nadie da ni los buenos días. Luego llegan las discográficas, la publicidad, el hype, y vuelan y todo el mundo las conoce y tocan en estadios y todas esas chorradas.
    He visto unas cuantas banditas en mi vida y sé cuando una toca de puta madre. Me parece que los Olfa tienen la calidad suficiente como para llegar a ser de interés a un público más grande, aunque quizá no masivo, como muchas bandas potentes que he visto.
    En el Gran Buenos Aires hay un montón de bandas de muchos tipos y de mucha calidad que son banditas. No hay quien invierta en ellas. Faltan buenos lugares con buena acústica donde se las pueda ver. En Capital, sobre todo, se ha borrado esa infraestructura. Falta una industria discográfica (o lo que sea) que las lleve a un público más amplio, y después las internacionalice. Hasta que eso no ocurra todas serán bandas locales, banditas, incluso algunas de las que en el pasado reciente han tocado en estadios.
    En Seattle, las bandas tocaban en bares hasta que se corrió la bola de que esa iba a ser la siguiente capital del rock, puro marketing viral. Entonces llegaron el dinero, las discográficas, la tele y todo lo demás… Pero no había más calidad ahí que en Austin, en Lawrence/Kansas City, en Athens o en Chicago o en muchas otras ciudades fuera de Los Ángeles y NY. Buenos Aires podría ser una capital musical, si la dejaran. Lo de hablar de banditas siempre es relativo. Y pequeño.

  3. Rama escribió:

    Categórica respuesta, rica la reseña. No entiendo la parte esa de las bandas pop dejando de existir. Me gustaría que te vayas un poco por ese lado para leerte, si no es muy rompebolas.

    un abrazo.

  4. Roger escribió:

    En realidad no tengo nada contra las bandas pop. Algunas incluso me gustan, o me gustan algunas canciones, pero nunca lo suficiente como para querer indagar más. O casi nunca. O sólo unas pocas veces.
    Lo que me molesta es el pop y cómo se manifiesta comercialmente y por la radio… esa dictadurcita que deja fuera una enorme riqueza musical. Crecí en una ciudad en la que por la radio sólo echaban pop, rock clásico y country. Quizá de ahí, de esa falta de diversidad, venga mi manía. Para saber qué estaba pasando en la música prácticamente había que viajar, conseguir que gente de otras ciudades te enviará sus fanzines, crear toda una red… algo que ahora se hace fácilmente por internet.
    Mi gran problema con el pop es que no me suele hacer nada por dentro, especialmente cuando me apetece algo de ruido, algo que me arañe, que me dé un empujón en otra dirección.
    Sin embargo, siempre estoy abierto a escuchar cosas nuevas. Si tú me sugieres bandas que te interesen, averiguo y voy a verlas. Seguro que en BsAs hay un underground pop interesante… pero que yo desconozco.
    Por otro lado, creo que hay que especificar qué queremos decir con pop. Yo me refiero a lo que producen y venden las grandes discográficas… Shakira y Ricky Martin y esas cosas… no a bandas que hacen uso de los estilos pop del pasado para hacer algo nuevo. Gnarls Barkley, un disco titulado “The Odd Couple”, tiene cosas que me gustan…
    Yo qué sé… digamos que en lugar de poner “pop” en el artículo debería de haber puesto “las fórmulas”, “lo mismo de siempre”, “lo mainstream”… creo que va por ahí la cosa.