Tristeza y fuga



Últimamente me he encontrado no un poco, sino bastante disperso. Como si hubiera perdido el norte, que en efecto perdí. Creo que la palabra operativa de los dos últimos meses ha sido tristeza. Que no es lo mismo que depresión. La diferencia está en que la persona deprimida no ve la salida por ningún sitio; yo sí la veo, pero todavía no llego a ella.

Se ha perdido esta figura emocional de la tristeza en la cultura actual, y sobre todo la de la tristeza que no está pidiendo consuelo. A muchos les conviene más decir que están deprimidos y así se piden la baja laboral, o sea que su tristeza viene con unas vacaciones pagadas. A los poderes también les interesa esta medicalización no tanto de la tristeza, sino del consuelo, ya que abre la puerta a las drogas que nos mantienen en el puesto de trabajo, en la rutina, en la productividad obligatoria, en el pago de impuestos, sean económicos o vitales. De hecho, esta medicalización implica una confusión entre la economía y la vida muy provechosa para el capital y sus gobiernos.

Pero no es mi caso. Yo no estoy deprimido, sino simplemente triste. Así, a la antigua, y sin pedir que venga alguien a acariciarme el cogote y decirme que no me preocupe, que todo estará bien, que no sirve para nada. A mí la tristeza no me paraliza, me dispersa. En términos nomádicos, deleuzianos, se puede decir que me lanza en busca de líneas de fuga. Una de las ventajas de las propuestas de Deleuze y Guattari es la resistencia a la psicologización institucionalizada de todo, a la medicalización de lo que sea. A cambio, ofrecen otro camino, el de la fuga, el de la desterritorialización.

Y en esas me hallo: desterritorializado, de paso por donde estoy, en una especie de caravansario en pleno Buenos Aires. Yo pensaba que la zona en la que está la casa en la que vivo era el barrio de Monserrat, el antiguo barrio negro; pero mirando el mapa, me di cuenta de que, por una cuadra, ya estoy en Constitución, hoy barrio de inmigrantes y pasajeros… no por nada gran parte de su economía, y de la inseguridad que se le atribuye, depende de la estación de trenes.

Una de las líneas de fuga que me ha deparado la suerte es que unos amigos me hayan invitado a pasar unos días con ellos en la playa, en Pinamar, colonia playera construida en los años 1940 por el arquitecto Jorge Bunge. Para llegar hasta ahí tengo que tomar un tren que sale, precisamente, de la estación de Constitución. No por nada, mi música de los últimos tiempos ha sido Different Trains de Steve Reich, interpretada por Kronos Quartet.

El otro día, chateando con Carmen por Facebook, me preguntaba ella por el último poema que he colgado en este blog. Le parece triste. Volví a mi cuaderno para ver qué era lo que escribí en las notas a ese poema. Aquí hay un fragmento:

No sé por qué me preocupo tanto, si no hay posible retorno, pero es como si necesitara testigos de mi proceso de digestión de esta pérdida dolorosa, triste, inaguantable en muchos sentidos pero que hay que aguantar y pasar. Esta pérdida todavía me ocupa mucho tiempo. Ya puedo estar días enteros sin pensar en ella, pero no muchos, no los suficientes para que su reaparición en mi memoria no sea más que una pequeña molestia. De una u otra forma—escribiendo en frío como ahora—sigue siendo la referencia emocional de mi vida en este momento.

Que no haya vuelta al pasado, significa que sólo hay líneas de fuga. La poesía siempre ha sido una, claro y por diversas razones, pero ahora tengo otra, igual de intensa en potencia, que es la película de mi amigo David Albert, que me ha convocado para que le ayude a producirla. ¡Una peli de acción rodada enteramente en Buenos Aires! David sabe perfectamente qué es una línea de fuga: es motero de toda la vida y tiene una Harley espectacular. Vieja, un poco echa polvo, pero espectacular igualmente.

Es irónico, ¿no? Estoy a punto de hacer una peli de motos, y no sólo no sé ir en moto, sino que les tengo pavor. Por complicado que sea, ¡menos mal que a mí sólo me toca producir! Uno se fuga siempre por el camino que menos resistencia opone. O cuando hay varios, por el que se presenta más interesante.

4 Comentarios para Tristeza y fuga

  1. Marcos escribió:

    Creo (sólo creo, estoy en ello) que esa figura de las tristeza en la cultura actual la representa Sebald, o al menos su prosa: desconozco cualquier detalle de su vida más allá de la anécdota de su muerte, pero esa descripción que haces de la tristeza me parece omnipresente en sus libros.

    Y sí, el poema era triste.

    Un abrazo.

  2. Roger escribió:

    Exacto, Sebald. De su prosa, que yo sólo puedo leer en traducción, del ritmo de esa prosa, se deduce una tristeza irreparable, sin consuelo. Pep Izquierdo y yo llevamos tiempo explorando ese terreno… lo que hicimos juntos en la Internacional Melancólica tiene mucho que ver. Aunque nosotros lo hacíamos desde cierto tipo de comedia… gris.
    Luego Pep ha explorado ese terreno en la cultura general, en sus artículos en Libro de Notas.

    Un abrazo

  3. Juan Jose martinez escribió:

    Hubo en el 69 un sentimiento similar colectivo. Ojalá nos visiten:
    Woodstock Retrospectiva Audiovisual

  4. Juan Carlos escribió:

    Es curioso, gracias a ti he identificado un sentimiento que me acompaña hace tiempo. Supongo que influido por esa tendencia que señalas a medicalizar todo, lo confundía con la depresión. Pero a mí no me pasa nada, no me siento mal, y sin embargo… Sin embargo, me siento triste, ahora lo sé. Y también sé que hay que buscar líneas de fuga. Tengo a mi alcance unas cuantas, pero no sé por cual optar. Cuando uno está triste, ¿tiene que reflexionar sobre la orientación que lleva su vida?