21/01/10
Diario de la crisis IV
Toda esa inspiración que teníamos
y no siempre como profesionales—
inspiración a secas, a veces andando por la calle
como ver el mundo recién renovado
una alegría como tirar piedras al agua del recuerdo inventado
esa tarde en la playa en que se nos astillaba todo:
la luz, las voces, la vida que nos prometíamos
las ganas de subir a la casa a comer algo
y si acaso mirarnos en el espejo más caro…
Un perro transparente comiendo entre basura
Iguazú en una camiseta
Queso de máquina x 300 grs = $7,40.
¿Donde está la panadería?, así pero en fino.
El Rincón del Taxista, con su bombilla única
y los hombres tristes a carcajadas y bromas
bebiendo café en vasitos de plástico
junto a un coche quemado.
Otro día, la gente se arremangará los pantalones
para cruzar la avenida. ¿Quién dijo que no seríamos amigos?
Que un abrazo entre amantes que ya se despidieron era imposible
y que la música del aire no duraría.
Tenía razón, pero ¿y qué?
Hay azul de la distancia entre nosotros;
varía de tono según la hora, el día
o la tristeza de ver llover en Buenos Aires
cuando la ciudad entra por los ojos de otra manera
más bella, mejor asentada en el mundo.
Nunca me gustó usar paraguas.
Tenías hipo y no estabas cuando llamé.
No estabas ya.
Sentimentalismo, ropa nueva, la mejor salsa
putanesca de la ciudad, un café a solas
entre viejas en la confitería buena del barrio.
Preguntaste qué tal mi día; yo te lo cuento.
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