Por qué no existe el Arte

El post El arte como negocio le han salido varios comentaristas que han planteado dudas u otros puntos de vista sobre el tema que me mueven a seguir escribiendo y a tratar de explicar (explicarme) qué es lo que digo cuando digo ciertas cosas.
Lorena Cabrera hizo el siguiente apunte:

Por otro lado como artista, no estoy de acuerdo con tu frase ¨el arte ya no existe como tal¨. Como tal qué? Como tal cosa? Seguro que no. El arte sí existe y seguirá existiendo en tanto haya artistas dispuestos a expresar lo que piensan acerca de este sistema en el que estamos insertos. Es la única forma, hablar desde el sistema y si el sistema es el mercado hay que hacerlo de la mejor forma posible con un buen producto, una buena idea. Buena en el sentido de comprometida.


Iré por partes. Cuando digo que el arte, o mejor el Arte, no existe como tal, me refiero a que un proyecto simbólico originado en Europa occidental ha llegado a su fin, una idea cuyo principal promotor ha sido Arthur C. Danto. Según él, y yo le creo, ese proyecto simbólico nació en el siglo XV y terminó más o menos a mediados del siglo XX, cuando estaba agotado, cuando se quedó sin salidas y sin continuidad como idea unitaria y unificadora de una cultura.
Para Danto, la puntilla llegó en 1964, cuando Andy Warhol expuso las cajas de Brillo en la galería Sable de Nueva York. En ese momento, quedó clara la crisis de la representación artística que se venía gestando desde finales del siglo XIX. Preguntas como qué es digno de ser representado, de qué manera, en qué sentido, preguntas serias que venían ocupando al Arte desde sus principios renacentistas, quedaron rotas de la forma más brutal. Al representar un objeto poco digno de atención (las cajas de las esponjas de metal) como si fuera el objeto mismo, se generaron dudas muy serias en cuanto a la función del arte.
Ya no había espiritualidad, como se había remarcado desde el romanticismo hasta pintura abstracta, o si la había era la del mercado y la de los objetos de consumo. Ya no hacía falta una formación académica, que incluso los modernos tuvieron, cualquiera podía hacer arte.

Estas cuestiones se venían marcando desde antes. Picasso y Braque utilizaban objetos cotidianos para no distraer la atención de lo que de verdad les interesaba, la exploración formal que era el cubismo. Jasper Johns, unos años antes de las cajas de Warhol, había pintado la bandera norteamericana, de manera que uno tenía que preguntarse si aquello era una pintura, una bandera, o qué. Roy Liechtenstein abordó el problema con otro producto de la cultura de masas, el cómic. El caso es que ya se trataba de crear signos de signos de signos, y eso apuntaba que no había un anclaje para la representación, y sin anclaje, sin algo que afirme y la valore lo que debemos considerar la “verdad”, entonces cualquier cosa se hizo posible.

Gracias a ese derrocamiento del sistema que asentaba lo que era verdad y lo que no, lo que era valioso y lo que no, se generó una multiplicidad alucinante de prácticas artísticas desde los años 60 a nuestros días. Esa diversidad, ese “todo vale” significó que ya no había un Arte expresión de una cultura, sino muchos, y de hecho, tantas culturas como opiniones y formas de expresarlas. Cuando digo que el arte ya no existe como tal, en realidad me estoy saltando un paso: ahora existen muchas artes, innumerables, muchas prácticas artísticas que van en todas direcciones. Y el mercado es la principal forma que hemos encontrado para digerir esa enorme variedad, para intentar entenderla y valorarla. Pero sobre eso escribiré en los próximos días.

Esta crisis empezó, me parece a mí, con el Impresionismo. En esa época, todo artista, para poder adoptar el título debía haber pasado por una academia, tenía que estar, digamos, matriculado, como hoy un gasista. La Ilustración y, después, la Revolución Industrial, encontraron que este era el mejor método para discernir no sólo la calidad artística, sino quién podía ser artista. Y qué era digno de ser considerado Arte, y qué no lo era. (De hecho, todavía a principios del siglo XX, en Argentina se becaba a los alumnos aventajados de las academias artísticas para que fueran a terminar sus estudios en París o en Roma.)
Pero con los impresionistas ocurrió algo inesperado. Fueron ellos mismos, y no la Academia, ni los Salones, los que intentaron decir qué era el Arte. Esto generó un rechazo más o menos general. No se podía ir contra lo establecido en la cultura. No se podía decir otra verdad. Pero poco a poco fueron logrando legitimidad, y lo hicieron por medio del mercado. Empezó a haber gente a la que le gustaba lo que hacían y que lo compraba.
El siguiente momento revolucionario es el del Cubismo. Picasso ya tenía una buena reputación, lograda en sus períodos azul y rosa. Pero decidió ir más allá, cambiar el método pictórico. Su galerista, que le había encontrado compradores lo aconsejó en contra, pero Picasso, junto con Braque, o gracias a él, insistió. Ahí entró en juego el poeta Guillaume Apollinaire, que empezó a escribir con entusiasmo sobre la nueva pintura. El galerista Kahnweiler, también. Coleccionistas como Gertrude Stein y sus hermanos entraron en el juego. La cosa se extendió por los círculos interesados en el arte, los coleccionistas empezaron a comprar y el cubismo quedó legitimado.
Esto generó toda una polémica en cuanto a la abstracción, que era un modo de pintar que se desviaba de los cánones artísticos que venían del Renacimiento. Picasso se asustó y abandonó el cubismo. Otros siguieron adelante, explorando los límites de la pintura y de otras técnicas, en otras palabras, los límites del Arte.
Esta exploración de los límites llegó a su apogeo con el Expresionismo Abstracto, cuyo principal portavoz era Clement Greenberg mientras que el principal artista era Jackson Pollock. Pero no lo hicieron solos, necesitaban legitimar lo que estaban haciendo, y para ello contaron con el dinero de varios coleccionistas norteamericanos y con el apoyo del gobierno, que estaba interesado en que la hegemonía estratégica y económica de los Estados Unidos se tradujera también en una hegemonía simbólica, artística. En eso también estaban los millones que se invirtieron en el cine, la televisión, la música y otros ámbitos de la cultura de masas.
Con el Expresionismo Abstracto, muchos tuvieron la sensación de que no se podía ir más allá, de que la pintura, al dedicarse a explorar sus límites había llegado a un callejón sin salida. Esa misma sensación se tenía del ambiente general, con los campos de concentración, la guerra total, la bomba atómica y otras maravillas de la técnica industrial. El existencialismo es también una expresión de esta sensación de finalidad.
Es entonces cuando se desvía la cosa, entran en escena Jasper Johns, Robert Rauschenberg, Liechtenstein, Warhol, en Nueva York; artistas como Ed Ruscha en Los Ángeles; Piero Manzoni en Italia; Joseph Beuys en Alemania; y muchos más que empiezan a buscar y a encontrar caminos que se desviaban de la “verdad” establecida. Fueron los artistas los que pusieron fin al Arte y desencadenaron una infinidad de caminos y prácticas artísticas. Murió la Verdad y nacieron las verdades.
Por eso digo que el Arte no existe ya como tal. Como sí mismo. Lo que existen son muchas artes. Hasta creo que las seguimos llamando así porque no se nos ocurre una palabra mejor. También creo que tarde o temprano se difuminarán por toda la cultura, toda la economía, toda la actividad humana, de manera que lleguemos a un punto en el que digamos que todo, absolutamente todo lo que hacemos es “arte”. Y si esa es la definición, entonces el Arte, como actividad diferenciada y privilegiada, no existe más.

Por último, me gustaría decir una cosa más en cuanto al comentario de Lorena. Ella dice “Es la única forma, hablar desde el sistema y si el sistema es el mercado hay que hacerlo de la mejor forma posible con un buen producto, una buena idea.” Creo que esto demuestra que estamos ya completamente insertos en ese proceso de difuminación ejercido por el mercado. Lorena escribe la palabra producto refiriéndose a una obra de arte. Y si pensamos la obra como producto, ¿no estamos ya más allá del fin del Arte?

2 Comentarios para Por qué no existe el Arte

  1. dario escribió:

    Gracias por este abrecabezas. Y si te digo que me está sirviendo para crear una acción de marketing directo para una galeria de arte… me creerías?

    apuntando tu sitio a mi google reader…

  2. Roger escribió:

    Claro que te creo, aunque también depende del tipo de galería y sus ambiciones.

    Gracias por el comentario