No se trata de desconectar


Imposible desconectar es el título de un artículo que apareció recientemente en El País acerca del uso de los teléfonos móviles en el trabajo y para trabajar en los momentos que se suponen de ocio o privados. Dice que los trabajadores se ven esclavizados, o atados al móvil cuando no deberían de estar trabajando.
Pero creo que el problema no viene de ahí, sino de las horas que tienen que pasar en la oficina, en gran parte innecesarias. ¿Para qué ir a la oficina si ya estamos híperconectados? ¿Para que nos vean trabajar?
Gran parte del trabajo que se hace en una oficina, si no hay que estar de cara al público, se puede hacer en la playa, en el bar o en casa. Se puede organizar de tal manera que el trabajador pueda combinar sus ratos de ocio o privados con los de trabajo. A lo mejor alguien prefiere trabajar por las noches, o por las tardes o de 5 de la mañana a las 12 del mediodía. Si esa persona está conectada y tiene toda la información que necesita para trabajar, ¿por qué tiene que acudir a un espacio anclado a tierra?
Es posible que hagan falta reuniones de vez en cuando, pero dudo que sea así todos los días.
Ocurre algo parecido con el periodismo. ¿Para qué ir a la redacción? ¿Por qué no moverse por la ciudad, o por donde sea, y escribir desde donde se esté? ¿No tienen la mayoría de los periódicos y revistas sus archivos on-line? Esta es una profesión que pide movilidad a gritos, pero no, hay que seguir yendo a las redacciones como buen ganado.
A menos de que sea más importante la política oficinista que el trabajo, claro.
La idea de desconectar tiene que ver con el tipo de trabajo alienado que se sigue practicando y que las empresas del siglo XX no han sabido superar, entrando así al siglo XXI. Uno hace un trabajo y luego tiene una vida, la desconexión entre esas dos facetas es lo que produce tanto malestar en los trabajadores… tanta depresión. De lo que se trata es de encontrar un ritmo que permita hacer todo lo que uno quiere y tiene que hacer. La misma idea de vacaciones forma parte de este mundo de alienación. Si cada persona pudiera trabajar a su ritmo y ocuparse de todo lo demás, la casa, los hijos, los abuelos, los viajes de placer y los de trabajo, y su vida fuera algo más cercano a un todo, este tipo de artículos no tendrían el menor sentido.