Taxi Buenos Aires


No viajo en taxi muy a menudo, un lujo que pocas veces me puedo permitir. Suelo viajar en colectivo, en subte, a pie si la distancia es menor a veinte cuadras. En Buenos Aires, decir que algo queda a dos kilómetros, en realidad es afirmar que no está demasiado lejos; en Valencia, esa es ya una distancia considerable. En las ciudades, según su tamaño, las distancias son siempre relativas, más grandes o más pequeñas, siempre en relación con el terreno abarcado por la misma ciudad.
Un día, a principios de junio, en que tenía algo de prisa tomé un taxi para ir de Flores a Chacarita, un trayecto que normalmente hago en el 44 o, si tengo tiempo y ganas, a pie. Normalmente, los taxistas, llevan una copia de la licencia colgando de la parte trasera del asiento del conductor, para que el pasajero pueda ver, supongo, que viaja con un chofer legal. En ese taxi que me llevaba a la Chacarita, me fije, pero sin voluntad de hacerlo, casi como un acto reflejo de lector empedernido, en el apellido del taxista, que me llamó la atención: Malamud. Y lo hizo por el escritor judío norteamericano, Bernard Malamud, del que leí un par de libros hará un montón de años. Pensé que era extraño esto del destino de los emigrantes; unos Malamud emigran a Norteamérica y otros a Sudamérica, un Malamud es escritor y otro es taxista, como habrá otros que son médicos, mecánicos, libreros o distribuidores de café por los bares de alguna ciudad de provincias. Yo, una especie de emigrante perpetuo, que ya nació en el exilio—aunque no es lo mismo un emigrante que un exiliado—que he vivido en varios países, y dentro de ellos, en muchas ciudades, siempre he sentido una especie de reverencia o fascinación por este fenómeno, se dé por razones económicas, polítcas, por guerras o simplemente por ganas de ver mundo.
En aquel momento, simplemente me dejé llevar por la sensación de extrañeza de que el novelista Malamud me estuviera llevando a la Avenida Lacroze desde la avenida Gaona, y me anoté mentalmente el apellido. Esa misma tarde, tomando un taxi de vuelta, me fijé también en el apellido del taxista que aparecía en la licencia que colgaba del asiento, era Castiñeira, otro inmigrante, o hijo de inmigrantes, pero esta vez gallego. Llegando a casa, se me ocurrió la idea de hacer un libro con esto. ¿Pero cómo?
En esos días había estado estudiando los libros de Ed Ruscha y el gran Atlas de Gerhard Richter, libros de fotografías que no contienen explicación alguna, que simplemente son, sólo con el título y muy poco otro texto. Pensé en ese hábito, que ya es un hábito, del arte conceptual, de mostrar las cosas como son sin explicaciones, dándole al espectador o al lector, porque muchas veces se trata de texto, o de un manual de instrucciones, la oportunidad de incluirse en la obra por medio de su propio trabajo de explicación o interpretación.
Decidí que coleccionaría apellidos de taxistas de Buenos Aires de la misma manera en que Ruscha o Richter coleccionan fotografías. Pero no sabía cuántos. Me gustan los números primos, que tienen algo así como una especie de magia, al ser divisibles sólo por 1 o por sí mismos; son números básicamente irreductibles. Así que coleccionaría 293 ó 307 apellidos. Y lo hago de muchas maneras: cuando voy en un taxi, una de esas raras veces, le cuento la idea al taxista y le pregunto si conoce a otros y sabe sus apellidos. También me fijo en los taxis que llevan el nombre del dueño o del propietario de la licencia escritos en la puerta de atrás del auto, esos también me sirven. O les digo a mis amigos que me los consigan si viajan en taxi. Desde que empecé, aquel día de principios de junio, hasta hoy, he juntado 122, algo menos de la mitad de los que necesito.
Fijándome tanto en los taxis que circulan por Buenos Aires, también me entró curiosidad por el grna número de empresas de radio taxi que existen, así que empecé a coleccionar sus nombres, también, con los los cuales ya he llegado a un número primo interesante, en el que me detendré: 61.
Para completar el libro, para que se convierta en un todo más o menos conceptual, decidí añadir un prólogo y un epílogo. El primero será un poema que escribí en Buenos Aires en enero y febrero de 2008, titulado Viajero con souvenir el segundo será una serie de 3, 5 ó 7 fotos, también números primos, que irá al final. Como título, se me ocurrió Taxi Buenos Aires, que me gusta cómo suena.
Le conté la idea a Dídac Ballester y le gustó. Con él ya había hecho un libro antes, que ha tenido un gran éxito, tomando en cuenta que es un objeto de coleccionista producido en una tirada muy pequeña.

2 Comentarios para Taxi Buenos Aires

  1. bruno lll escribió:

    Hola Roger.
    Gran post.
    Ayer tomé un taxi, y me sorprendió el número de licencia: 16.
    Le pregunté al conductor, y me dijo que él, hoy por hoy, tiene la licencia más antigua de la ciudad, que data de 1968.
    Los 15 anteriores ya la dieron de baja.
    Una extrañeza que me hizo recordar a tus posts.
    Abrazo grande, Bruno
    PD: Te llegó mi texto de Heidegger?

  2. Roger escribió:

    Hola Bruno

    Yo una vez vi un taxi con la licencia número 1, pero otro taxista me comentó que precisamente en los 60 se reorganizó todo, o sea que no tiene mucho que ver con la antigüedad.
    Abrazo
    rc