Paseo de año nuevo



No soy muy de celebrar fiestas de fin de año, la combinación de nostalgia y esperanza me produce gases. Cuando Quico Cadaval me invitó a pasarlas en Ribeira, lo que me sedujó fue la idea de salir a dar con él su Paseo de Año Nuevo.
Salimos a la calle a las 11, y después de dar una vuelta, eludiendo borrachos, nos tomamos un café en el la casa de los jubilados del mar. Después, autobús para Aguiño, a unos 6 kilómetros.

Paramos a tomar un vino en el Café Monteagudo, en el puerto de Aguiño. La biblioteca del bar incluía, entre otros, los siguientes títulos:
  • Brown’s Nautical Almanac 1982
  • Derrotero 1976
  • Vaticano II, documentos
  • Manual de medicina náutica

Nos gustó que el tabernero fuera honesto con el vino, como se puede ver en la foto. Nótese cómo la copa y la taza no valen lo mismo, como ocurre en otros sitios. También me llamó la atención que el ron lo tenían clasificado por países (Martinica, Puerto Rico, Reunión, Barbados, Jamaica, Venezuela, Cuba, República Dominicana), y los cartelitos estaban hechos con trozos de cartas náuticas; más que una movida de bar temático, esto era una clásica situación de aprovechamiento máximo de recursos: ese era el papel que había, ese se utilizó.

En el Monteagudo había también un mapa de la costa de Aquiño, coloreado a mano, que marcaba todos los caladeros, los sitios donde había barcos hundidos (bastantes) y los arrecifes.

Luego dimos un paseo por O Carreiro, una línea de arrecifes, completada por obra humana para que sirviera de rompeolas; aunque luego se dieron cuenta de que eso cambiaba las corrientes, y afectaba al marisqueo. Así que hicieron dos aperturas, con puentes por encima. La foto que abre este post es desde la punta del Carreiro, mirando hacia afuera.

Fuimos también al lado de mar abierto, a lo que llaman el Muelle Fenicio. Cadaval dice que ese nombre se lo pusieron arqueólogos amateurs, debido a que Estrabón ya menciona algo, aunque no se sabe mucho de su antigüedad, excepto que los catalanes lo usaron en el siglo XVIII.


De vuelta tomamos una corredoira, viejo camino rural entre las leiras, aunque ahora ya esté todo bastante edificado, y encontramos esta extraña chimenea, aparentemente en desuso. La construcción es de cemento, que es lo que nos llamó la atención; detrás había una casa más antigua, pero en ruinas.
Le preguntamos por la chimenea a un hombre que pasaba, pero estaba operado de la garganta y no podía hablar. Luego, tampoco insistimos demasiado con nuestras pesquisas, así que no descubrimos qué utilidad tuvo, o tiene.

De nuevo en el bar, miramos el reloj. Vimos que eran las 3 y decidimos volver a Ribeira a comer. Un buen paseo para iniciar el año.