El subjuntivo:

¿Un instrumento para el cambio?

En las recientes elecciones legislativas en Argentina, el único resultado claro es el avance de la derecha. Los empresarios, el campo, los especuladores van ganando terreno no sólo con el voto de la clase media, que al estar en el medio siempre vota mal (vote lo que vote siempre le echamos la culpa de algo), sino también con el de la clase obrera. Algunos analistas de izquierda agregan que se mantiene el modelo capitalista de desarrollo, lo único que cambia es el énfasis sobre ciertos impuestos. En otras palabras, eran los mismos de siempre quienes se disputaban el poder y, por lo tanto, ganaron los mismos de siempre.
Una cosa que he notado en la Argentina es una capacidad limitada de ensoñación. Parece raro decirlo, pero siempre que alguien dice como la vida podría ser distinta, como cambiarla, sale alguien más que le dice que eso es imposible: estamos en Argentina. Así, las discusiones políticas nunca son sobre cómo crear un país, sino cómo se articula una maniobra en la persecución del poder.
Leí recientemente un artículo de Lera Boroditsky, investigadora de psicología, neurología y sistemas simbólicos en la Universidad de Stanford, acerca de cómo la lengua que hablamos afecta la manera de ver y entender el mundo a nuestro alrededor. Según ella, la lengua que hablemos afectará de manera distinta nuestra manera de pensar, no sólo en términos de tiempo y espacio, sino en muchos otros sentidos, también. Hay lenguas y culturas que tienen más colores que otras. El género de una palabra afecta cómo se interpreta y representa el objeto al que se refiere. Boroditsky dice que lo más probable es que un pintor alemán represente la muerte (que en su lengua es un sustantivo masculino) como un hombre, mientras que un pintor ruso seguramente la representará como una mujer (ya que en ruso, como en español, la muerte es femenino). Otro ejemplo sería la representación de la República en Francia, o en Latinoamérica. El hecho de que Argentina sea una palabra de género femenino llevó a que el país fuera representado antropomórficamente como una mujer.
Este tipo de estudios, evidentemente, servirán para incrementar las broncas por el uso de las distintas lenguas en España. Lo que quedará claro es que la lengua, al ser el principal instrumento de interpretación de la realidad, cada comunidad, para seguirlo siendo, defenderá la suya.
Pero vuelvo a Argentina y sus problemas políticos, a eso que decía antes sobre la capacidad de soñar. Aquí se ha perdido el uso del subjuntivo. Nadie lo usa, nadie lo sabe usar. Es normal oír algo como “Cuando llego, te lo digo” y no “Cuando llegue, te lo diré”. Si el subjuntivo es el modo del deseo y de lo posible, ¿no será el caso que al haberlo perdido en el habla, sea más difícil imaginar otras posibilidades para la comunidad, otra forma de organización?
También existe la posibilidad de que la comunidad, al darse por vencida en cuanto a las posibilidades de cambio, fuera olvidando poco a poco el subjuntivo, hasta la desaparición casi total de ese modo que se puede oír en las calles y cafés de Buenos aires. Una cosa que hay que estudiar, junto a cómo el idioma afecta la manera de pensar, es cómo el entorno, físico, geográfico, social, afecta también a la manera de hablar. En esto no me refiero tanto a modismos y acentos, sino a la misma gramática.

2 Comentarios para El subjuntivo:

  1. eduardo linares escribió:

    Muy bueno lo suyo, don Roger. Mire que escribir sobre el subjuntivo, caray, hay que tener ganas…Se lo digo hoy día, 9 de Julio, se supone que hace 199 que nos liberamos de ustedes. Sí, claro, otro hombres, otros tiempos, y encima hablaban en español, según creo. Le mando un abrazo

  2. Roger escribió:

    Creo que las ganas son de escribir comedia. Un viejo maestro en el tema me dijo no sé cuántas veces que la comedia se escribe o se dice, se hace, totalmente en serio.
    Por otro lado, no me había fijado que era 9 de julio; tengo una especie de poder mental para olvidar las fechas de las fiestas patrias y religiosas (que al final, o al principio, siempre son la misma cosa obligatoria) de todas partes.