El sentido de publicar en papel


Me he dado cuenta últimamente, en Buenos Aires, de que han surgido varias pequeñas editoriales dedicadas exclusivamente a la poesía, y que estas editoriales utilizan una estrategia comercial no nueva, pero sí diferente a lo que estamos acostumbrados a ver.
Tradicionalmente han existido tres tipos de edición de un libro de poesía: 1) la publicada por una editorial comercial, 2) la publicada por una editorial que cobra al autor y 3) la autoedición. Bueno, pues estas nuevas editoriales combinan el 1) y 2) de una manera bastante coherente. Sí, el autor paga por la impresión del libro, pero la editorial dedica un esfuerzo considerable a la promoción y distribución de ese libro. Se hacen lecturas, presentaciones, fiestas, siempre con el libro a la venta. Se habla con las librerías independientes (en Buenos Aires sigue habiendo muchas) para que el libro esté visible, sea recomendado por los vendedores, etc. Pero lo mejor es que estos nuevos editores no publican a cualquiera simplemente porque tiene la plata para pagar la edición.
Y no lo hacen porque tienen que cuidar la reputación de su sello y de sus colecciones, si hay más de una… simplemente porque eso les permite ganarse la confianza de los libreros y del público lector, lo cual significa siempre un nicho cada vez más fuerte, si no más amplio, en el mercado. El poeta que publica su obra (pagando) en una de estas editoriales puede estar confiado en que su editor lo defenderá. Eso es distinto a lo que ocurre en muchas editoriales, de poesía o no. Y lo defenderá porque van juntos en la aventura de abrirse un lugar no sólo en el mercado sino en el canon literario.

A mí me parece, sin embargo, que el libro de poesía tradicional ya no tiene razón de ser, o la dejará de tener pronto. Si el poeta no gana dinero en esta aventura, más bien lo invierte, puede publicar sus poemas en internet gratis, para él y para sus lectores, ¿no? (Eso es lo que hago yo, por ejemplo). Pero la batalla por entrar en el canon es otra cosa. Es comercial e ideológica simultáneamente. Ideológica porque determina lo que los lectores del futuro (estudiantes o no) van a leer: qué los va a influenciar en sus vidas, en su manera de pensar y de sentir. Y es comercial no porque el libro gane dinero ahora, sino porque le aporta puntos al poeta (y al editor) para participar en conferencias, mesas redondas, talleres, clases universitarias—actividades que no sólo aportan más prestigio sino, incluso, dinero. Así que la cosa tiene que ver con el mundo académico. Y si es así, la forma de edición no cambiará hasta que una nueva camada de académicos, por competir por un puesto en la universidad, no empiecen a leer en internet, buscando nuevos autores, o autores ocultos. La selva de la oferta en las librerías es menor que la selva de la oferta en internet; harán falta exploradores más arriesgados.

Pero yo creo que el libro, en esta era de la publicación ultra rápida, ya tiene que ser otra cosa. De distribución masiva o de tirada limitada, el libro tiene que aportar cosas aparte del texto (que como sabemos, puede ser gratis). Tiene que crear o experimentar con las formas de la lectura, con un plus artístico que vaya más allá del texto.
Los puristas dirán que no hace falta nada más que el texto: ¿qué más puede haber que el poema en sí? Pero si eso es verdad, lo único que hay que hacer es publicar el poema en internet, y ya está: puro. La edición de un libro, por ahora, sirve principalmente para entrar en la guerra ideológica y comercial del canon.
Lo que quiero decir es que puede haber otra clase de libro, uno que vaya más allá como objeto a secas y como objeto artístico y que sirva para experimentar también con las formas de la lectura y de la literatura, ya sea incluyendo imágenes o trabajando sobre la estructura física del libro y la disposición del texto. Y no estoy hablando precisamente de la “poesía visual”.
Claro, esto ya lo hicieron las vanguardias históricas. Lo que ocurre es que ahora estamos en otro momento de crisis cultural que amerita este tipo de exploración.
Últimamente, vengo estudiando lo que han hecho y están haciendo muchos artistas visuales en materia de libros. Me falta mucho que aprender, pero una cosa me va quedando clara: tienen que volver a juntarse los artistas plásticos y los poetas. Tal vez así se pueda cambiar la manera de hacer libros en una época en la que está cambiando la manera en la que se leen los textos.

1 Comentarios para El sentido de publicar en papel

  1. huligán escribió:

    Me hace pensar en el libro-acordeón de edición limitada que hicieron Blaise Cendrars y Sonia Delaunay que así entró en el canon y llegó a hacer obra de arte.