Diario de la crisis III


Otra superstición hubiera sido un susto menos—
felicidad que implica un brillo frente al mar
y arena en los zapatos.
El calzado es fundamental aquí, ahora
que hay que postularse para el olvido.
Si no, cada uno será siempre el mismo:
calvicie, agruras, pie de atleta
falta de firmeza moral, buen culo.
De todo habrá memoria, y falsa.
En el delta de lo posible
habrá para vencerse y no mirar.

Ahí esperamos todos, a veces de la mano
a que vuelva el agua.
La sequía es de tiempo también
y la alegría de un lunes
se confunde con la del martes, etc.
Cualquier cifra abre ya un abismo:
continúan progreso y desfile
por muros, esquinas, camisetas
lenguas antiguas y modernas, grititos
mesas de certidumbre
y colecciones de objetos disecados.
El deseo será siempre su repetición.

Pero esa canción ya no da guita.
Pronto llegará el invierno;
amanecerá igual que ayer
—con el mismo ventilador encendido—
y justo después
alguien decidirá la estrategia a seguir.
Con la sonrisa coagulada
sabremos agradecerlo
y volver al principio:
a cualquier comienzo que se le parezca.
Los jueves habrá puchero.